LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD DE SAN FRANCISCO DE SALES
EL
CONTEXTO HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN
Una Sociedad nacida de los
Oratorios, para los Oratorios.
Describiremos algunas
situaciones político-religiosas y sociales que marcan históricamente el
nacimiento de la Sociedad de San Francisco de Sales entre 1854 y el 1864 año,
este último, de las primeras profesiones de los salesianos de Don Bosco.
1.- LA CONTINUIDAD DE LA OBRA DE LOS ORATORIOS.
La acción pastoral y
educativa de Don Bosco requerían continuidad y seguridad para su futuro. Pío IX
en las audiencias que le concedió el 9 y el 21 de marzo de 1858, al oírlo
relatar pormenorizadamente todo lo referente
a su trabajo con los jóvenes y a la idea de dar vida a una institución
religiosa que la garantizase en el futuro, idea compartida también por Mons.
Fransoni, no sólo se había manifestado de acuerdo sino que le dio oportunas
sugerencias, como lo narra el mismo Don Bosco en una Histórica ( o Cenno
storico ) fechada en 1874.
El parecer del arzobispo
de Turín era para Don Bosco de suma importancia, ya que para su Obra el
prelado había sido y seguiría siendo como “ el verdadero superior “, cuyo “
parecer y consejo “ había querido Don Bosco dependiera todo. Las actitudes que
desde ese momento asumiría el papa en todo el
proceso de la fundación, la sintetiza también Don Bosco en una petición
para la aprobación definitiva d las Constituciones que le dirigió el 1º de
marzo de 1873, llamándolo Padre amadísimo que por medio de sus consejos y sus
intervenciones había llegado a fundar, dirigir y consolidar la Sociedad
Salesiana.. Expresiones estas que según
Braido, no son meramente retóricas, sino que resaltan el protagonismo tenido
por Pío IX sobre todo en el decretum laudis
de la Congregación, del 23 de julio de 1864 y en el de su aprobación,
del 1º de marzo de 1869.
Urbano Rattazzi, Ministro
del Interior, que conocía el teje y naneje de los institutos religiosos y había
sido el autor de la ley de la supresión de muchos de ellos en 1855, le había ya
insinuado el 7 de julio de 1857 la necesidad de crear uno que asegurase el
futuro de su Obra Oratorina. Quiere
decir que la apreciaba sobre manera por su sentido humanitario y el aporte que
daba a la sociedad civil. En efecto, había visitado el Oratorio desde abril de
1854 y en repetidas ocasiones lo había favorecido económicamente. Estaba informado también acerca de la
experiencia hecha por Don Bosco en la Correccional de la Generala en abril de
1855.
Una obra benéfica como la
de los Oratorios entraba dentro del catálogo de aquellas que respetaría
ciertamente el Gobierno, como lo habían
experimentado las Hermanas de San José de Chambery que colaboraban con
la Marquesa Barolo en la atención a las
chicas callejeras.
El mismo nombramiento que
el 31 de marzo de 1852 le hizo Mons. Fransoni como Director de los Oratorios,
le había parecido al santo que buscaba la estabilización de su Obra en un
sentido fundacional según una “ Breve Relación histórica sobre la
Congregación de San Francisco de Sales “
publicada por él en 1874.
2.-EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Por otra parte, no
obstante las duras batallas doctrinales que la precedieron desde 1848, un aire
fresco y vital trajo al mundo cristiano la definición del Dogma de la
Inmaculada Concepción que se llevó a cabo el 8 de diciembre de 1854. Su
influencia llenó de esperanza a la Iglesia que no sólo vio en este
acontecimiento espiritual la clarificación de una tesis teológica, sino que
sintió una presencia viva, salvífica y
transformadora de la Madre de Dios en medio de grandes dificultades y peligros
por entre los cuales crucialmente navegaba el pueblo creyente. Para Don Bosco
sería también un momento de particular evocación de los ideales y las
experiencias marianas de sus años de Chieri, y particularmente de su vida de
Seminario, toda ella orientada hacia la santidad, a la luz del cuadro de la Inmaculada Concepción que dominaba el
altar mayor de la iglesia de los
Filipenses y de la estatua tallada en 1750 por Ignacio Parruca, afamado
artista, que presidía la pequeña capilla en donde él y Luis Comollo habían
encendido con particular intensidad su
corazón en un singular amor hacia aquella a quien los superiores les solían
proponer como ejemplar de sus virtudes clericales.
Esa devoción revitalizó en un momento providencial
de la historia piamontesa la piedad de los fieles e hizo que en poblaciones
como Mornese ya desde 1855 se construyesen asociaciones dedicadas a la Virgen
en las que se invitaba a seguir su ejemplo como seguro y atrayente itinerario
de santidad cristiana.
En ese clima crecerá la
vocación catequística y espiritual de María Mazzarello, según explícita
reflexión biográfica del padre Luis Cástano. En ese clima también se llenará el
Oratorio de Valdocco de fervor religioso, Domingo Savio fraguará su personal
tendencia a la perfección y organizará su singular Compañía de amigos,
denominada precisamente de la Inmaculada Concepción de María. Toda la vida de este singular discípulo de
Don Bosco se desenvuelva bajo la luz de esta advocación y en la Compañía de la
Inmaculada veía el estudioso Alberto Caviglia “ una lejana preparación al
nacimiento de la Sociedad Salesiana “.
En el Oratorio la
declaración dogmática fue celebrada con grandes festejos. La solemnidad de la
Inmaculada Concepción revistió ese año un tinte especial pues quiso ser así
mismo un acto de agradecimiento a la Virgen por su protección para con el
Oratorio durante la epidemia del cólera que desde el mes de julio había
devastado zonas urbanas de ciudades como Turín y Pinerolo. Desde entonces, el 8
de diciembre adquirió un particular relieve celebrativo.
Don Bosco, a su vez,
sintetizó en 1858 su doctrina y su devoción a la Virgen en el librito sobre “ El mes de mayo
consagrado a María Inmaculada “, que tendría una grande difusión popular. Quería
que ese mes fuese el “ più delicioso dell´anno “.
Mes primaveral por
excelencia para cultivos de la tierra y para revivir la esperanza en las
cosechas venideras. Mes también para
renovar bajo el amparo de María Santísima los ideales de la perfección cristiana
y las nuevas siembras de la vida espiritual.
El 14 de julio de 1854
ingresaba a Valdocco Víctor Alasonatti, originario de Avigliana, ordenado en
Turín el 13 de junio 1835 y que había obtenido su diploma de gramática en la
Universidad de Turín. Tenía 42
años. En septiembre, Don Bosco acoge en
el Oratorio a Pedro Enria, con su hermanito menor y algunos muchachos más cuyas
familias habían sufrido el azote del cólera.
El 29 de octubre entran
Domingo Savio y José Bongiovanni. El 22 de noviembre, fiesta de Santa Cecilia,
fue la vestición clerical de Juan Cagliero quien había superado ese año una
mortal enfermedad.
La dinámica fundacional de
la Sociedad Salesiana estaba, pues, en camino como lo veremos dentro de poco.
El sacerdote Víctor Alasonatti, juntamente con Bongioanni y Cagliero, se
contarán en el número de los primeros “
salesianos “. Enria profesará el 9 de diciembre de 1878. Domingo Savio había
confiado a su amigo Juan Massaglia, el secreto de su vocación sacerdotal y
ambos emprendieron un camino de santidad para alcanzar y vivir en plenitud esa
gracia. El sacerdocio había sido una inspiración que manifestó a Don Bosco
desde el primer diálogo que sostuvieron en los Becchi el primer lunes de
octubre del 1854.
3.- ALGUNAS NOVEDADES DE LA CONGREGACIÓN RELIGIOSA CONCEBIDA POR DON
BOSCO.
Para poder apreciar mejor
la original concepción del Instituto religioso ideado por Don Bosco
adelantaremos a la narración de los hechos de la fundación algunos puntos
significativos de referencia que él mismo acentúa cuando escribe sus “ Apuntes históricos “ sobre la Sociedad
Salesiana, en 1873/1874, y una “ Breve
noticia “, a manera de informe para la Santa Sede, en 1879.
A) Primero su carácter popular.
La primera novedad que aportará Don Bosco a la vida religiosa es la índole
popular de su instituto. Respondía a un proceso social. La clase noble e intelectual era
particularmente afectada en sus valores religiosos y morales por las ideologías
revolucionarias y racionalistas del momento. La burguesía agraria y urbana se
encaminaba tras ideales de seguridad y poder, fundados en la tenencia y cultivo
de las tierras, de la producción empresarial, el comercia y las libres
profesiones.
La
economía que construirá la Italia de la Unidad es ya desde sus orígenes una
economía liberal. Por eso, el campesinado del sur no creerá en un determinado
momento a José Garibaldi, porque no quitó a los propietarias del dinero y del
bienestar insultante para los pobres, derechos y privilegios adquiridos,
plegándolos a invertirlos en beneficio de las clases marginales. Por su parte,
en el Estado liberal, los latifundistas e industriales pronto tendrán acceso al
poder estatal.
Don Bosco
escribe esta faceta de su Sociedad Religiosa con palabras incisivas y
plásticas: no se escogieron para ésta vocación entre “ la gente acomodada “
cuyos hijos perdían cada vez más sus costumbres morales y religiosas en “ las
escuelas públicas “ y en los grandes “ colegios “, sino entre quienes se
ganaban la vida con “ el azadón y el martillo “.
Don Bosco
con un lenguaje realista e ideal a la vez, que puede evocarnos el episodio con
Bartolomé Garelli, del 8 de diciembre de
1841, escribe:
Conmovido
por la condición de los muchachos más pobres, el sacerdote Juan Bosco, en la
Diócesis de Turín, desde 1841, con la ayuda de algunos eclesiásticos, empezó a
reunirlos, enseñarles los rudimentos de la fe católica y ayudarles en lo
material. De ahí se originó la pía Societa, que tomando el nombre de San
Francisco de Sales, consta de sacerdotes, clérigos y laicos.
En el siguiente
trozo, no ya del Cenno storico ( 1873/1874 ), sino de las “Brevi notizie
sulla Congregazione di San Francesco di
Sales “ ( 1879 ), describe de esta manera la génesis y el primer desarrollo de
su fundación religiosa, a partir de un incipiente instituto educativo a una
sociedad de vida religiosa:
“ Esta
congregación no era en 1841 sino una simple Catequesis, un jardín de recreación
festivo al que se le agregó en 1846 un Hospicio para pobres muchachos artesanos
que formaban un Instituto privado que era más bien una familia. Diversos
sacerdotes y laicos ayudaban como cooperadores externos.
En 1852
el Arzobispo de Turín lo aprobó, le concedió al sacerdote Juan Bosco todas las
facultades necesarias y oportunas y lo constituyó Superior de la Obra de los Oratorios.
Desde entonces hasta el 1858 se comenzó a llevar vida común, escuela, formación
para los clérigos, de los cuales varios una vez ordenados sacerdotes formaron
parte de Instituto. En 1858 Pío IX, de santa memoria, aconsejaba al sacerdote
Bosco que, para conservar el espíritu de la obra de los Oratorios, constituyera
una Sociedad religiosa. “
B) Segundo
el protagonismo de los jóvenes oratorianos en el proceso y en el hecho de la
fundación. La segunda novedad, es el protagonismo que asumen los jóvenes en
este proyecto, y la manera como el grupo original de los jóvenes fundadores va
fermentando cristianamente y sin alarde ninguno el medio social. Un instituto
religioso que nace en el Oratorio y de los mismos “muchachos oratorianos“.
Las ovejas
que en el sueño de 1844 se volvía pastores. Son chicos de origen
rural, estudiantes o elementales artesanos,
que han encontrado en el oratorio
“ su casa “ que se ayudan como pueden, recíprocamente, en su promoción y
formación y que, aunque pasan inobservados por la sociedad, van transformándola
cristianamente con oratorios, hospicios y escuelas.
C) Tercero una Sociedad Religiosa
Apostólica inserta en el medio social eclesial. La
tercera característica es que se trata de una institución religiosa y
apostólica que se inserta en el medio y las realidades sociales y eclesiales de
Turín. El esquema de Don Bosco alude implícitamente a cooperadores y
religiosos. El sacerdote Antonio Bellasio la describía como una “congregación
nueva; una congregación democrática, una congregación del Pueblo y para el
pueblo“ que responde a la Iglesia primitiva descrita por Tertuliano, de suerte
que sus socios podían decir: estamos en las calles y en los mercados, en las
plazas públicas y en medio del trabajo de la vida civil educando cristianamente
a los jóvenes y a los pobres “para la regeneración cristiana y la salvación de
la sociedad “
Don
Bosco agrega que no obstante las dificultades de todo género que se tuvieron
que superar se llegó a tener un núcleo más consistente de salesianos de manera
que cuando en 1852 el arzobispo le dio el nombramiento como encargado de
los Oratorios turineses, se pudo
acentuar la ayuda vocaconal a las diócesis formando clérigos para ésta en
Valdocco sin dejar de poner especial cuidado en la preparación de los que
deseaban quedarse colaborando en el Oratorio.
Del
1858 al 1862 este grupo, integrado por clérigos y laicos, empezó a observar las
“ reglas “ que regían nuestra Sociedad.
No
se trata, pues, de documentos improvisados y emocionales, los que sirven de
fuente a estos planteamientos, sino síntesis retrospectivas y meditadas de Don
Bosco, padre y fundador, de lo que fue la historia de nuestros orígenes.
Relaciones respaldadas por 33 años de experiencia, dice él mismo en sus “ Apuntes históricos “ de 1873/1874.
4. EL MOMENTO DE LA FUNDACIÓN Y
DEL COMPROMISO PERSONAL DE LOS SOCIOS.
De
la reunión del domingo 18 de diciembre
de 1859, por la noche, hay un acta escrita por Don Víctor Alasonatti y
firmada por éste y por Don Bosco. La cita textualmente Lemoyne en el volumen VI
de sus Memorias Biográficas en las páginas 258-259. Tenemos la lista de los
participantes. Solamente dos de los que asistieron a la consulta anterior, no
se hicieron presentes.
1.
En la lista de Alasonatti los miembros son 18, incluido Don Bosco. Pedro Stella
comentaba que comenzaba así “un periodo de prueba y de esperanza. Se trataba de
un grupo bastante joven y homogéneo”. Si se excluyen los dos sacerdotes (Don
Bosco y Don Alasonatti), su promedio es de 20 años y medio. Todos habían estado
con Don Bosco durante los últimos años en el Oratorio.
2.
En el documento consta que fue unánime la voluntad de erigir la Sociedad que
Don Bosco había propuesto la semana anterior.
3.
La finalidad del instituto, era la de promover y conservar el espíritu de
caridad exigido por la obra de los Oratorios para la juventud abandonada y en
peligro, que en esos tiempos tan calamitosos era de mil modos seducida y
arrastrada a la impiedad y a la irreligión, con perjuicio para la sociedad.
4.
Querían llevar a cabo teniendo como mira la propia santificación, buscando la
gloria de Dios y el bien de los demás, especialmente de aquellos muchachos que
más necesitaban ser instruídos y educados. Esto fue aprobado también por todos.
5.
Luego, tras una breve invocación al Espíritu Santo, se procedió a la elección
de los Miembros que debían integrar el Capítulo o Consejo Superior de la
Sociedad Salesiana, recién fundada:
1. El superior, Juan Bosco (44 años)
2. El prefecto general, escogido por
Don Bosco, Víctor Alasonatti (47 años)
3. Director Espiritual, Miguel Rúa,
subdiácono (22 años)
4. Ecónomo, Ángel Savio, clérigo (24
años)
5. Consejeros, Juan Cagliero y
6. Juan Bonetti (de 21 años) y
7. Carlos Ghivarello (24 años)
La lista de los socios restantes es
esta, según el acta de Alasonatti, redactor y secretario:
8. Juan Bautista Anfosi (19 años)
9. César José Bongiovanni (21 años)
10. Luis Chiapale (16 años)
11. Francisco Cerrutti (15 años)
12. Celestino Durando (19 años)
13. Juan Bautista Francesia (21
años)
14. José Lazzero (22 años)
15. Luis Marcellino (22 años)
16. Segundo Petiva (25 años)
17. Francisco Provera (25 años)
18. Antonio Rovetto (17 años)
*
El 2 de febrero de 1860 fue admitido como Salesiano Coadjutor, José Rossi, de
24 años.
El
ambiente de aquella reunión del 18 de diciembre de 1859 era “oratoriano”. Don
Bosco, el fundador, era el ideador y realizador de la Obra de los Oratorios
cuyo espíritu quería perpetuar, y para cuya estabilidad y futuro se constituía
la Sociedad Salesiana. El origen es
oratoriano.
