lunes, 15 de diciembre de 2014

Hacia una compresión histórico-critica

LA FUNDACIÓN DE LA SOCIEDAD DE SAN FRANCISCO DE SALES


EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA FUNDACIÓN

Una Sociedad nacida de los Oratorios, para los Oratorios.
Describiremos algunas situaciones político-religiosas y sociales que marcan históricamente el nacimiento de la Sociedad de San Francisco de Sales entre 1854 y el 1864 año, este último, de las primeras profesiones de los salesianos de Don Bosco.

1.- LA CONTINUIDAD DE LA OBRA DE LOS ORATORIOS.

La acción pastoral y educativa de Don Bosco requerían continuidad y seguridad para su futuro. Pío IX en las audiencias que le concedió el 9 y el 21 de marzo de 1858, al oírlo relatar pormenorizadamente todo lo referente  a su trabajo con los jóvenes y a la idea de dar vida a una institución religiosa que la garantizase en el futuro, idea compartida también por Mons. Fransoni, no sólo se había manifestado de acuerdo sino que le dio oportunas sugerencias, como lo narra el mismo Don Bosco en una Histórica ( o Cenno storico ) fechada en 1874.

El parecer del arzobispo de Turín era para  Don Bosco  de suma importancia, ya que para su Obra el prelado había sido y seguiría siendo como “ el verdadero superior “, cuyo “ parecer y consejo “ había querido Don Bosco dependiera todo. Las actitudes que desde ese momento asumiría el papa en todo el  proceso de la fundación, la sintetiza también Don Bosco en una petición para la aprobación definitiva d las Constituciones que le dirigió el 1º de marzo de 1873, llamándolo Padre amadísimo que por medio de sus consejos y sus intervenciones había llegado a fundar, dirigir y consolidar la Sociedad Salesiana..  Expresiones estas que según Braido, no son meramente retóricas, sino que resaltan el protagonismo tenido por Pío IX sobre todo en el decretum laudis  de la Congregación, del 23 de julio de 1864 y en el de su aprobación, del 1º de marzo de 1869.

Urbano Rattazzi, Ministro del Interior, que conocía el teje y naneje de los institutos religiosos y había sido el autor de la ley de la supresión de muchos de ellos en 1855, le había ya insinuado el 7 de julio de 1857 la necesidad de crear uno que asegurase el futuro de su Obra Oratorina.  Quiere decir que la apreciaba sobre manera por su sentido humanitario y el aporte que daba a la sociedad civil. En efecto, había visitado el Oratorio desde abril de 1854 y en repetidas ocasiones lo había favorecido económicamente.  Estaba informado también acerca de la experiencia hecha por Don Bosco en la Correccional de la Generala en abril de 1855.

Una obra benéfica como la de los Oratorios entraba dentro del catálogo de aquellas que respetaría ciertamente el Gobierno, como lo habían  experimentado las Hermanas de San José de Chambery que colaboraban con la Marquesa Barolo en la  atención a las chicas callejeras.
El mismo nombramiento que el 31 de marzo de 1852 le hizo Mons. Fransoni como Director de los Oratorios, le había parecido al santo que buscaba la estabilización de su Obra en un sentido fundacional según una “ Breve Relación histórica sobre la Congregación  de San Francisco de Sales “ publicada por él en 1874.

2.-EL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Por otra parte, no obstante las duras batallas doctrinales que la precedieron desde 1848, un aire fresco y vital trajo al mundo cristiano la definición del Dogma de la Inmaculada Concepción que se llevó a cabo el 8 de diciembre de 1854. Su influencia llenó de esperanza a la Iglesia que no sólo vio en este acontecimiento espiritual la clarificación de una tesis teológica, sino que sintió una presencia viva, salvífica  y transformadora de la Madre de Dios en medio de grandes dificultades y peligros por entre los cuales crucialmente navegaba el pueblo creyente. Para Don Bosco sería también un momento de particular evocación de los ideales y las experiencias marianas de sus años de Chieri, y particularmente de su vida de Seminario, toda ella orientada hacia la santidad, a la luz del cuadro de  la Inmaculada Concepción que dominaba el altar mayor de la  iglesia de los Filipenses y de la estatua tallada en 1750 por Ignacio Parruca, afamado artista, que presidía la pequeña capilla en donde él y Luis Comollo habían encendido con  particular intensidad su corazón en un singular amor hacia aquella a quien los superiores les solían proponer como ejemplar de sus virtudes clericales.
Esa devoción revitalizó en un momento providencial de la historia piamontesa la piedad de los fieles e hizo que en poblaciones como Mornese ya desde 1855 se construyesen asociaciones dedicadas a la Virgen en las que se invitaba a seguir su ejemplo como seguro y atrayente itinerario de santidad cristiana.

En ese clima crecerá la vocación catequística y espiritual de María Mazzarello, según explícita reflexión biográfica del padre Luis Cástano. En ese clima también se llenará el Oratorio de Valdocco de fervor religioso, Domingo Savio fraguará su personal tendencia a la perfección y organizará su singular Compañía de amigos, denominada precisamente de la Inmaculada Concepción de María.  Toda la vida de este singular discípulo de Don Bosco se desenvuelva bajo la luz de esta advocación y en la Compañía de la Inmaculada veía el estudioso Alberto Caviglia “ una lejana preparación al nacimiento de la Sociedad Salesiana “.
En el Oratorio la declaración dogmática fue celebrada con grandes festejos. La solemnidad de la Inmaculada Concepción revistió ese año un tinte especial pues quiso ser así mismo un acto de agradecimiento a la Virgen por su protección para con el Oratorio durante la epidemia del cólera que desde el mes de julio había devastado zonas urbanas de ciudades como Turín y Pinerolo. Desde entonces, el 8 de diciembre adquirió un particular relieve celebrativo.

Don Bosco, a su vez, sintetizó en 1858 su doctrina y su devoción a la Virgen  en el librito sobre “ El mes de mayo consagrado a María Inmaculada “, que tendría una grande difusión popular. Quería que ese mes fuese el “ più delicioso dell´anno “.
Mes primaveral por excelencia para cultivos de la tierra y para revivir la esperanza en las cosechas venideras.  Mes también para renovar bajo el amparo de María Santísima los ideales de la perfección cristiana y las nuevas siembras de la vida espiritual.

El 14 de julio de 1854 ingresaba a Valdocco Víctor Alasonatti, originario de Avigliana, ordenado en Turín el 13 de junio 1835 y que había obtenido su diploma de gramática en la Universidad de Turín.  Tenía 42 años.  En septiembre, Don Bosco acoge en el Oratorio a Pedro Enria, con su hermanito menor y algunos muchachos más cuyas familias habían sufrido el azote del cólera.
El 29 de octubre entran Domingo Savio y José Bongiovanni. El 22 de noviembre, fiesta de Santa Cecilia, fue la vestición clerical de Juan Cagliero quien había superado ese año una mortal enfermedad.
La dinámica fundacional de la Sociedad Salesiana estaba, pues, en camino como lo veremos dentro de poco. El sacerdote Víctor Alasonatti, juntamente con Bongioanni y Cagliero, se contarán en el número de los primeros  “ salesianos “. Enria profesará el 9 de diciembre de 1878. Domingo Savio había confiado a su amigo Juan Massaglia, el secreto de su vocación sacerdotal y ambos emprendieron un camino de santidad para alcanzar y vivir en plenitud esa gracia. El sacerdocio había sido una inspiración que manifestó a Don Bosco desde el primer diálogo que sostuvieron en los Becchi el primer lunes de octubre del 1854.

3.- ALGUNAS NOVEDADES DE LA CONGREGACIÓN RELIGIOSA CONCEBIDA POR DON BOSCO.

Para poder apreciar mejor la original concepción del Instituto religioso ideado por Don Bosco adelantaremos a la narración de los hechos de la fundación algunos puntos significativos de referencia que él mismo acentúa cuando escribe sus  “ Apuntes históricos “ sobre la Sociedad Salesiana, en 1873/1874, y una  “ Breve noticia “, a manera de informe para la Santa Sede, en 1879.

A)   Primero su carácter popular. La primera novedad que aportará Don Bosco a la vida religiosa es la índole popular de su instituto. Respondía a un proceso social.  La clase noble e intelectual era particularmente afectada en sus valores religiosos y morales por las ideologías revolucionarias y racionalistas del momento. La burguesía agraria y urbana se encaminaba tras ideales de seguridad y poder, fundados en la tenencia y cultivo de las tierras, de la producción empresarial, el comercia y las libres profesiones.
La economía que construirá la Italia de la Unidad es ya desde sus orígenes una economía liberal. Por eso, el campesinado del sur no creerá en un determinado momento a José Garibaldi, porque no quitó a los propietarias del dinero y del bienestar insultante para los pobres, derechos y privilegios adquiridos, plegándolos a invertirlos en beneficio de las clases marginales. Por su parte, en el Estado liberal, los latifundistas e industriales pronto tendrán acceso al poder estatal.

Don Bosco escribe esta faceta de su Sociedad Religiosa con palabras incisivas y plásticas: no se escogieron para ésta vocación entre “ la gente acomodada “ cuyos hijos perdían cada vez más sus costumbres morales y religiosas en “ las escuelas públicas “ y en los grandes “ colegios “, sino entre quienes se ganaban la vida con “ el azadón y el martillo “.
Don Bosco con un lenguaje realista e ideal a la vez, que puede evocarnos el episodio con Bartolomé  Garelli, del 8 de diciembre de 1841, escribe:

Conmovido por la condición de los muchachos más pobres, el sacerdote Juan Bosco, en la Diócesis de Turín, desde 1841, con la ayuda de algunos eclesiásticos, empezó a reunirlos, enseñarles los rudimentos de la fe católica y ayudarles en lo material. De ahí se originó la pía Societa, que tomando el nombre de San Francisco de Sales, consta de sacerdotes, clérigos y laicos.

En el siguiente trozo, no ya del Cenno storico ( 1873/1874 ), sino de las “Brevi notizie sulla  Congregazione di San Francesco di Sales “ ( 1879 ), describe de esta manera la génesis y el primer desarrollo de su fundación religiosa, a partir de un incipiente instituto educativo a una sociedad de vida religiosa:
“ Esta congregación no era en 1841 sino una simple Catequesis, un jardín de recreación festivo al que se le agregó en 1846 un Hospicio para pobres muchachos artesanos que formaban un Instituto privado que era más bien una familia. Diversos sacerdotes y laicos ayudaban como cooperadores externos.
En 1852 el Arzobispo de Turín lo aprobó, le concedió al sacerdote Juan Bosco todas las facultades necesarias y oportunas y lo constituyó Superior de la Obra de los Oratorios. Desde entonces hasta el 1858 se comenzó a llevar vida común, escuela, formación para los clérigos, de los cuales varios una vez ordenados sacerdotes formaron parte de Instituto. En 1858 Pío IX, de santa memoria, aconsejaba al sacerdote Bosco que, para conservar el espíritu de la obra de los Oratorios, constituyera una Sociedad religiosa. “

      B) Segundo el protagonismo de los jóvenes oratorianos en el proceso y en el hecho de la fundación. La segunda novedad, es el protagonismo que asumen los jóvenes en este proyecto, y la manera como el grupo original de los jóvenes fundadores va fermentando cristianamente y sin alarde ninguno el medio social. Un instituto religioso que nace en el Oratorio y de los mismos  “muchachos oratorianos“.
            Las ovejas  que en el sueño  de 1844  se volvía pastores. Son chicos de origen rural, estudiantes o elementales artesanos,  que han encontrado  en el oratorio “ su casa “ que se ayudan como pueden, recíprocamente, en su promoción y formación y que, aunque pasan inobservados por la sociedad, van transformándola cristianamente con oratorios, hospicios y escuelas.
C)    Tercero una Sociedad Religiosa Apostólica inserta en el medio social eclesial. La tercera característica es que se trata de una institución religiosa y apostólica que se inserta en el medio y las realidades sociales y eclesiales de Turín. El esquema de Don Bosco alude implícitamente a cooperadores y religiosos. El sacerdote Antonio Bellasio la describía como una “congregación nueva; una congregación democrática, una congregación del Pueblo y para el pueblo“ que responde a la Iglesia primitiva descrita por Tertuliano, de suerte que sus socios podían decir: estamos en las calles y en los mercados, en las plazas públicas y en medio del trabajo de la vida civil educando cristianamente a los jóvenes y a los pobres “para la regeneración cristiana y la salvación de la sociedad “
Don Bosco agrega que no obstante las dificultades de todo género que se tuvieron que superar se llegó a tener un núcleo más consistente de salesianos de manera que cuando en 1852 el arzobispo le dio el nombramiento como encargado de los  Oratorios turineses, se pudo acentuar la ayuda vocaconal a las diócesis formando clérigos para ésta en Valdocco sin dejar de poner especial cuidado en la preparación de los que deseaban quedarse colaborando en el Oratorio.
Del 1858 al 1862 este grupo, integrado por clérigos y laicos, empezó a observar las “ reglas “ que regían nuestra Sociedad.
No se trata, pues, de documentos improvisados y emocionales, los que sirven de fuente a estos planteamientos, sino síntesis retrospectivas y meditadas de Don Bosco, padre y fundador, de lo que fue la historia de nuestros orígenes. Relaciones respaldadas por 33 años de experiencia, dice él mismo en sus  “ Apuntes históricos “ de 1873/1874.

4. EL MOMENTO DE LA FUNDACIÓN Y DEL COMPROMISO PERSONAL DE LOS SOCIOS.

De la reunión del domingo 18 de diciembre  de 1859, por la noche, hay un acta escrita por Don Víctor Alasonatti y firmada por éste y por Don Bosco. La cita textualmente Lemoyne en el volumen VI de sus Memorias Biográficas en las páginas 258-259. Tenemos la lista de los participantes. Solamente dos de los que asistieron a la consulta anterior, no se hicieron presentes.
1. En la lista de Alasonatti los miembros son 18, incluido Don Bosco. Pedro Stella comentaba que comenzaba así “un periodo de prueba y de esperanza. Se trataba de un grupo bastante joven y homogéneo”. Si se excluyen los dos sacerdotes (Don Bosco y Don Alasonatti), su promedio es de 20 años y medio. Todos habían estado con Don Bosco durante los últimos años en el Oratorio.
2. En el documento consta que fue unánime la voluntad de erigir la Sociedad que Don Bosco había propuesto la semana anterior.
3. La finalidad del instituto, era la de promover y conservar el espíritu de caridad exigido por la obra de los Oratorios para la juventud abandonada y en peligro, que en esos tiempos tan calamitosos era de mil modos seducida y arrastrada a la impiedad y a la irreligión, con perjuicio para la sociedad.
4. Querían llevar a cabo teniendo como mira la propia santificación, buscando la gloria de Dios y el bien de los demás, especialmente de aquellos muchachos que más necesitaban ser instruídos y educados. Esto fue aprobado también por todos.
5. Luego, tras una breve invocación al Espíritu Santo, se procedió a la elección de los Miembros que debían integrar el Capítulo o Consejo Superior de la Sociedad Salesiana, recién fundada:
            1. El superior, Juan Bosco (44 años)
            2. El prefecto general, escogido por Don Bosco, Víctor Alasonatti (47 años)
            3. Director Espiritual, Miguel Rúa, subdiácono (22 años)
            4. Ecónomo, Ángel Savio, clérigo (24 años)
            5. Consejeros, Juan Cagliero y
            6. Juan Bonetti (de 21 años) y
            7. Carlos Ghivarello (24 años)
            La lista de los socios restantes es esta, según el acta de Alasonatti, redactor y secretario:
            8. Juan Bautista Anfosi (19 años)
            9. César José Bongiovanni (21 años)
            10. Luis Chiapale (16 años)
            11. Francisco Cerrutti (15 años)
            12. Celestino Durando (19 años)
            13. Juan Bautista Francesia (21 años)
            14. José Lazzero (22 años)
            15. Luis Marcellino (22 años)
            16. Segundo Petiva (25 años)
            17. Francisco Provera (25 años)
            18. Antonio Rovetto (17 años)
* El 2 de febrero de 1860 fue admitido como Salesiano Coadjutor, José Rossi, de 24 años.

El ambiente de aquella reunión del 18 de diciembre de 1859 era “oratoriano”. Don Bosco, el fundador, era el ideador y realizador de la Obra de los Oratorios cuyo espíritu quería perpetuar, y para cuya estabilidad y futuro se constituía la Sociedad Salesiana.  El origen es oratoriano.


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