viernes, 5 de junio de 2015

Reportes de Lectura de David Raul Reynoso Ruiz

La ascesis salesiana[1]
En la tradición cristiana se abre el paso a la concepción de la configuración con Cristo como un camino, una carrera, un proceso continuo. Los participantes de esa carrera, los atletas, necesitan de un ejercicio ascético. En un primer momento la ascesis se entiende subordinada y preparatoria para la contemplación; tiende al control de la parte arrebatada y concupiscente del alama y a promover su parte racional, hecha especialmente para la contemplación, esto se entiende como el primer grado de la vida espiritual. Se consolida como una dimensión perene de la existencia cristiana, ya no como una etapa del itinerario espiritual.
Podemos decir que no hay vida mística sin ascesis; la unión con Dios tiene que estar precedida y acompañada por la renuncia, el control, el dominio y el sacrificio. En esta tradición se insiere la enseñanza de San Francisco de Sales, su comprensión del hombre, del cristiano y de la vida espiritual.  El obispo de Ginebra habla de la unión con Dios y el amor divino sin olvidar el campo ascético; sabe que para vivir en Dios es necesario morir a uno mismo para dar frutos. Además, habla con mucha frecuencia de abnegación, renuncia, mortificación exterior e interior, anonadamiento, sacrificio, etc. Por lo tanto, su enseñanza ascética está teñida de humanismo y de una hondura espiritual de su amor a Dios, es desde ahí que la ascética salesiana se valora y se comprende su importancia y su gran significado.
Encontramos en San Francisco de Sales 6 principios que emprendió en su camino espiritual y su configuración con el Maestro.
·      El combate espiritual: emprende su camino del ejercicio ascético con la ayuda de una obra de Lorenzo Scupoi titulada El combate espiritual. Para llegar a la perfección cristiana hay cuatro medios: la desconfianza en sí mismo, la confianza en Dios, el ejercicio y  la oración. Es necesario el buen uso que se debe de hacer de las aptitudes y disposiciones interiores y exteriores, esta lucha interior garantizará la formación y el robustecimiento de la personalidad cristiana. El combate afecta el entendimiento y la voluntad para llegar al dominio de los sentidos, de los impulsos y de las pasiones. La estrategia del combate es mantener siempre vivo el deseo de perfección. La perfección cristiana no está en las obras, sino únicamente en el verdadero conocimiento de la bondad y grandeza de Dios. cuanto más se profundiza en la desconfianza en uno mismo, más crece la confianza en Dios y el amor consigue la perfección.
·      Tomar la propia cruz: la mortificación está presente en su doctrina; el discípulo siga al Maestro cada día tomando su propia cruz, ponerla sobre sus hombros y realizar el seguimiento y el cumplimiento de la voluntad de Dios. Esto refleja el fuerte espíritu de mortificación, de fortaleza y de templanza. La necesidad de la mortificación para superar las tentaciones y no darse uno jamás por vencido; además, es importante reconocer la necesidad de la ascesis para llegar a vivir la verdadera vida cristiana. Para plantar el amor de Dios en nuestros corazones es menester arrancar de él, el árbol del amor propio o bien el amor a nosotros mismos en el tronco de amor de Dios. en esto consiste, en el pensamiento salesiano, la verdadera mortificación del espíritu, en esta poda de la vid y de los pámpanos superfluos, en el despojarse del hombre viejo para revestirse del nuevo. 
·      Conversión del corazón: el primer  criterio respecto a la ascesis que propone Francisco de Sales es la interioridad. Advierte que las penitencias y mortificaciones no se hagan desde el exterior, sino desde dentro, desde la conversión del corazón; ya que el corazón es el manantial de las acciones. El corazón es también el primer lugar de la conversión, lo importante es querer lo que Dios quiere, amar lo que Él ama, llegar a transformar nuestra voluntad en la voluntad de Dios. El Obispo de Ginebra explica que es necesario «grabar sobre tu corazón esta frase santa y sagrada: ¡Viva Jesús!», después la vida producirá frutos llevando escrita la palabra de salvación.
·      Bajo la guía de la razón: la interioridad no queda reducida a puro intimismo porque es habitada por la razón. El corazón humano está iluminado, gobernado y guiado por la razón ya que el ser humano es un ser razonable; y en cuento ser razonable, puede controlar, dirigir y dominar sus instintos, emociones y pasiones. Este es un trabajo largo y arduo en el que la razón ha de guiar la voluntad; además, conduce a las personas al verdadero equilibro, todo ello para mortificar el corazón y el espíritu. Bajo la guía de la razón llega Francisco al principio de adaptación y discreción, a la condescendencia y flexibilidad; no lo hace para promover un facilismo ligero e insustancial; se adapta por realismo y por convicción arraigada en la fe y en la experiencia humana. 
Para el Obispo de Ginebra no todos pueden soportar el mismo peso, ni la misma cantidad y calidad de exigencias y mortificaciones. El mérito de llevar la cruz no está en su peso, sino en el modo de llevarla, por eso puede ser más meritorio llevar una pequeña cruz de paja que una grande de hierro; y el comer, beber y pasear pueden valer más que los grandes ayunos y los golpes de disciplina. 
·      Búsqueda de moderación: la guía de la razón conduce a la moderación, si se puede soportar el ayuno es cosa buena, porque el ayuno levanta el espíritu, reprime la carne y ayuda a practicar la virtud; pero tiene que ser proporcionado a los oficios, trabajos y obligaciones que cada uno desempeñan, conviene buscar el término medio. La falta de moderación en ayuno, disciplina y mortificaciones puede hacer inútiles para el servicio de la caridad. San Francisco de Sales prefiere el dominio de la persona sobre sí misma, y no solo el sometimiento del cuerpo. Aprecia la belleza y el valor de la naturaleza humana, creada por Dios a su imagen.
Según el pensamiento salesiano, en la vida cotidiana no hay necesidad de buscar penitencias especiales, extraordinarias; la vida espiritual no es cuestión de grandes ayunos, privaciones y mortificaciones físicas. La ascesis está principalmente en los sacrificios que conlleva la jornada diaria con su actividad incansable y si entrega generosa; es decir, hay que renunciar para estar totalmente disponibles para el trabajo del Reino, para cooperar con Cristo en la salvación de todos los destinatarios de la propia misión; hay que mortificarnos por el da mihi animas.  
·      Revitalizar la ascesis: la necesidad y urgencia de revitalizar la ascesis es sentida especialmente hoy en el ámbito de la vida religiosa ante la crisis actual en que se ve sumergida. La ascesis hace posible la vivencia gozosa y el testimonio de los grandes valores de la consagración: la fidelidad a los votos, la vida de fraternidad y la entrega a la misión. Urge hoy revitalizar la ascesis, la verdadera liberación interior comienza por el robustecimiento ascético. Esta fortaleza y robustez ascética en el principio de la construcción de la propia persona y de toda la vida espiritual.
No se debería olvidar que la ascesis está centrada en Cristo, y es cristina en la medida en que incluye el padecer y morir juntamente con Cristo. Para el cristiano, mortificación, renuncia, disciplina ascética, están en orden a la asimilación con Cristo. Quien quiere revestirse de la persona de Cristo ha de ser capaz de mortificar las inclinaciones al egoísmo y entrar en un dinamismo de donación. El ejercicio fundamental que se le pide al cristiano es la obediencia de la fe, por eso la ascesis cristiana constituye una tarea de la que ningún creyente puede eximirse.  


Don de oración[2]
En don Bosco se reconocen las manifestaciones externas que suelen acompañar a la vida mística, ¿podemos sin más creer que fue elevado en realidad a la unión mística? Y si así lo es, en qué grado. Además, ¿es posible acabar de descubrir si existió en él el don de contemplación infusa, y en qué medida adorno el alma escogidísima de Don Bosco? Dice Benedicto XIV: «casi todos los santos, y en especial los fundadores de  Órdenes religiosas, tuvieron cisiones divinas y revelaciones. Sin duda que Dios habla familiarmente con sus amigos y favorece, sobre todo, a los que elige para grandes obras».
            El alama de don Bosco gozaba de la unión con Dios, sin interrupción; en efecto, parece haber sido su don el no dejarse nunca distraer del pensamiento amoroso del Señor, por muchos, graves y continuas que fueron sus ocupaciones y preocupaciones. De esto tenemos testimonio, los tres sucesores de don Bosco dice:
Don Miguel Rúa: «lo que continuamente pude notar fue su continua unión con Dos. Y, con tanta espontaneidad, manifestaba estos sentimiento que se veía que brotaban de una mente y de un corazón siempre sumergidos en la contemplación de Dios y de sus atributos»
Don Pablo Albera: «era tanta la unión del Venerable con Dios, que parecía recibir de Él los consejos y alientos que daba a sus hijos».
P. Felipe Rinaldi «mi convicción íntima es que el Venerable fue realmente un hombre de Dios, continuamente unido a Dios en la oración».
Hay diversidad de testimonios que dan fe al don que tenía don Bosco, una unión íntima e inseparable con Dios. Así como el antiguo cronista de san Buenaventura que en sus escritos hacía toda verdad un plegaria, así también, tratándose de don Bosco, debe extenderse semejante afirmación a todos los actos de su admirable vida: todo lo que hacía era oración.
            El primer efecto de la oración llamada de unión simple es el único cuyas pruebas son puntos menos que inasequibles. Podemos designarlo con el nombre de deliquio o espiritual desmayo, vocablo sugerido por la frase bíblica: «Mi alma quedó desmayada apenas hubo hablado el Amado». Don Ceria quiere verificar en Don Bosco los fenómenos sensibles de esta naturaleza, lo hace a través de las siguientes dos observaciones: a) entre los frutos de la contemplación, uno de los más conspicuos es la humanidad. Don Bosco reprimía el ímpetu de su fervor y hubiera querido que así lo hiciera su amigo; pero la resistencia física del amigo no era la suya; b) don Bosco, dueño de sus nervios, temple de acero, es decir, hombre a quien podrían aplicarse las palabras del salmista: «mi alma siempre en tus manos», tuvo al servicio de su humildad una voluntad que dominaba las energías inferiores: por consiguiente, capaz también de reprimir la vehemencia del sentir para que no se trasluciera a los demás. El autor del libro, muestra tres hechos que dicen que sí:
1.     ¿Cómo se explica que una persona alcanzada, mejor dicho, herida con frecuencia por las más agudas contrariedades, por esas contrariedades que hacen sangrar el corazón, se muestre precisamente entonces más contenta que de costumbre? El dolor, en los corazones elevados a la contemplación, se transforma místicamente en amor, y el amor dilata los corazones.
2.     Don Bosco después de pasar mañanas enteras recibiendo visitas, solía quedarse por lo menos una hora después del mediodía en su aposento, en donde sus íntimos lo sorprendían siempre sentado en su escritorio, con el cuerpo erguido, las manos juntas, en actitud de gran dulzura, enteramente absorto en la contemplación de las cosas celestiales.
3.     En los últimos años, cuando, por sus quebrantadas fuerzas, aumentaba la viveza del sentimiento, al celebrar, ora se enternecía visiblemente en todo su ser, ora aparecía como invadido de un sagrado temblor sobre todo en el instante de la elevación.    
 Los efectos de la oración en Don Bosco son: la oración pasiva es una suave necesidad de llorar, es la íntima unión del ama con Dios. Sentir la presencia de Dios con una certeza que excluye hasta la posibilidad de la duda, ya que él estaba lleno del pensamiento de Dios. El padecer por Dios con valor, fortaleza y paciencia inalterable es soportarlo todo por amor de Dios. El honrar a Dios como un deseo ardiente de alabar a Dios. El amor al prójimo, un deseo grande de ayudar a los demás; el alma que vive de Dios, a menudo logra hacerse útil al prójimo. Por último efecto tenemos la práctica de las virtudes teologales, cardinales  morales, en grado heroico, es decir, con intensidad y constancia excediendo los límites comúnmente propios de los hombres virtuosos.
            Don Bosco, ¿fue un místico?, puede aplicarse lo que se dijo de Bernardo «los verdaderos místicos son personas de práctica y de acción, no de razonamiento y de teoría. Tienen el sentido de la organización, el don de mando y se revelan adornos de inmejorable dotes para los negocios. Las obras por ellos fundadas son vitales y duraderas; al concebir y dirigir sus empresas, dan prueba de prudencia y de valor, y de esa idea exacta de la posibilidad que es el carácter del buen sentido…», si no nos engañamos, es el vivo retrato de don Bosco, en el cual la contemplación iluminó y dirigió la acción.



[1] Alburquerque Frutos, E. “La ascesis salesiana” en Una espiritualidad del Amor: San Francisco de Sales, CCS, Madrid: 2007, 167-183 pp.
[2] Ceria E. “Don de oración” en Don Bosco con Dios, CCs, Madrid: 2001, 234-248 pp.

Reportes de Lectura de Javier Odalis Bruno


Introducción
Don Bosco en toda su vida aparece como un maestro espiritual, forjó su santidad entregándose sin reserva a Dios y a los jóvenes, viviendo en medio de ellos, buscando siempre su bien y su salvación. La espiritualidad en si se trata de una forma y de un estilo de vida inspirados y guiados por Dios, arraigados y motivados en Jesús.
El presente trabajo consta de cinco reportes de lecturas, en la cual intento precisar las influencias de autores espirituales que ha tenido don Bosco durante su vida, para ello he asumido como autor a Eugenio Alburquerque y cuyos escritos son:
Don Bosco y sus amistades espirituales: Eugenio Alburquerque. Editorial CCS, Madrid 2012.
Cuaderno de Formación Permanente N0 20. Espiritualidad. Eugenio Alburquerque. Editorial CCS, Madrid 2014.
Del primer libro he tomado cuatro personajes importantes en la vida de Don Bosco:

Reporte I: San Francisco de Sales, afinidad y convergencia espiritual.
Reporte II: San Felipe Neri: un santo triste es un triste santo.
Reporte III: San Vicente de Paul el fuego de la caridad
Reporte IV: San Alfonso María de Ligorio: una pastoral de la benignidad.

Respecto al cuaderno de formación permanente, el título que he profundizado ha sido el de la espiritualidad de Don Bosco, que prácticamente nos va a sintetizar las influencias espirituales que ha tenido don Bosco. De este cuaderno he elaborado el: Reporte V: La Espiritualidad de Don Bosco. 


San Francisco de Sales, afinidad y convergencia espiritual.

Eugenio Alburquerque nos presenta la fuerte influencia que ha tenido San Francisco de Sales en la vida espiritual de Don Bosco, para una mayor comprensión contamos con la siguiente estructura en todo el capítulo:

Primeros contactos
Del Oratorio de san Francisco de Sales a la Sociedad Salesiana El espíritu salesiano
El sistema preventivo
Da mihi animas
Convergencia, no identificación

Entrando en tema, el autor señala que San Francisco de Sales nace en Thorens en 1567, una pequeña aldea cercana a Annecy, en la Saboya. En el Piamonte, San Francisco de Sales era considerado uno de los hombres más egregios.
Hay que destacar que para Don Bosco San Francisco de Sales juega un papel significativo, ya desde sus primeros años de formación eclesiástica queda impresionado por el celo pastoral y por la dulzura, mansedumbre y amabilidad del Obispo de Ginebra. Don Bosco fue un gran devoto y un profundo admirador del santo de la dulzura.
El primer contacto con San Francisco de Sales lo tiene en el seminario de Chieri, tanto a través de las instrucciones y conferencias religiosas de los superiores del seminario, como de las propias lecturas, es desde ahí como empieza a proponérselo como modelo de su vida y de su acción sacerdotal, el mismo Don Bosco se hace el propósito de que la caridad y la dulzura de san Francisco de Sales sería su norma. Del mismo modo, hay que decir que con la imitación constante de este modelo de mansedumbre, bondad y caridad, llega Don Bosco al dominio de sí mismo, a la amabilidad, dulzura y caridad, que constituirán la clave de su sistema preventivo.
El autor sostiene que la primera prueba del cumplimiento de su propósito en torno a san Francisco de Sales, se hace presente en el encuentro con Bartolomé Garelli en la sacristía de la iglesia de San Francisco de Asís el 8 de diciembre de 1841, al gesto duro y brusco del sacristán que reprende, avergüenza y golpea al muchacho, responde y se contrapone la amabilidad del joven sacerdote, que lo acoge, se interesa por su vida y por su persona, le tiende la mano y le llama amigo.
Es desde este hecho sencillo que inicia el oratorio, los muchachos de Don Bosco necesitan casa, escuela, trabajo, a medida que crece el número, comprende que hace falta una organización, por tanto, da pie a esta maravillosa obra, la cual nace bajo el patrocinio de San Francisco de Sales, de él toma nombre, en él se inspira la espiritualidad y el sistema educativo. Don Bosco tenía la convicción de que el espíritu de San Francisco de Sales era el que mejor se adaptaba a la educación cristiana de aquellos muchachos que llegaban al oratorio, por tanto, quiere que el celo ardiente por la salvación de las almas y su espíritu de dulzura, mansedumbre y caridad de san Francisco de Sales, inspire siempre sus obras y sus métodos.
En el centro de la espiritualidad de san Francisco de Sales está el amor, por tanto, lo que se debe tender en la vida espiritual es a vivir para la gloria del amor divino. Es un amor que se traduce en la entrega generosa por los demás, es de ahí que asume la expresión de San Francisco de Sales “Da mihi animas”, en esta expresión se concentra toda la energía de su amor, el ardor de su caridad, su pasión por las almas. Es la expresión de su inmenso amor a Jesucristo, porque él veía las almas en el corazón de Cristo y, como Cristo, estaba también dispuesto a entregarlo todo por ellas. Esta expresión quiso dejarla como lema y centro de la congregación salesiana.
Otro detalle muy importante en don Bosco es que hablaba con frecuencia a sus muchachos de san Francisco de Sales y les contaba su vida, destacando especialmente cómo su carácter manso y suave, no lo había tenido por naturaleza, sino que lo había alcanzado a costa de grandes esfuerzos y sacrificios.
En definitiva, podemos ver que tanto en san Francisco de Sales como en don Bosco se percibe una fuerte afinidad espiritual, la cual se centra en el celo por la salvación de las almas y la dulzura. Caridad pastoral, mansedumbre y dulzura definen ambas personalidad. Para don Bosco lo esencial de la doctrina de san Francisco de Sales es el amor, que él vive y propone desde la amabilidad, la dulzura, la comprensión, la paciencia, la sencillez en la entrega y en el sacrificio, el perdón, la confianza. 

San Felipe Neri. Un santo triste es un triste santo.

En este reporte, asumo los elementos más sobresalientes que nos presenta Eugenio Alburquerque sobre la influencia que ha tenido San Felipe de Neri en San Juan Bosco, para ello nos encuadra el contenido de la siguiente forma:

San Felipe Neri: un santo triste es un triste santo. El apóstol de Roma
Felipe Neri visto por don Bosco
Don Bosco, ¿otro Felipe Neri?

Una pedagogía y una espiritualidad de la alegría
Este es un santo que deja huellas en Don Bosco, es en el seminario de Chieri donde Don Bosco por medio de lecturas se familiariza con la figura del fundador de la Congregación del oratorio, por medio de su biografía y con su pastoral de piedad alegre, de una castidad serena, del fervor eucarístico difundido entre la juventud.
Felipe Neri nace en Florencia (1515-1595), casi toda su vida transcurre en Roma, inquieto y desasosegado, empieza a dedicar mucho tiempo a pasear por la ciudad y entra enseguida en contacto con los pobres, los mendigos, los enfermos de hospitales. Pasa mucho tiempo con los ociosos de las plazas, con sus palabras amables, sus bondadosos modales, su natural simpatía, se granjea la amistad de todos y les abre el camino para volver a la practicas cristianas. Anuncia el Evangelio por las calles, en las escuelas, en las tiendas, a cuantos quieren escucharles.
A los 36 años es ordenado sacerdote. Dedica muchas horas diarias a oír confesiones y a la dirección espiritual. Sabe llegar al corazón de los pecadores más obstinados, celebra con especial devoción la Eucaristía. Desde su ordenación sacerdotal siente una gran preocupación por los jóvenes, los encuentra también en las calles y en las plazas, y empieza a reunirse con ellos, abre un lugar para jugar y divertirse, pero también para poder instruirlos en la religión y en la práctica cristiana. Fue para ellos un padre y un maestro, poco a poco se le fueron uniendo hombres y mujeres atraídos por su personalidad, por su palabra y por el alegre testimonio de su seguimiento de Jesús. De esta forma empieza a formarse el grupo que da origen a la congregación del Oratorio.
En Don Bosco san Felipe Neri ha tenido una vasta influencia, la referencia que hace del santo es constante, tanto en sus escritos como en sus pláticas a los muchachos de Valdocco y a los primeros salesianos, de él resalta su admirable caridad hacia los más necesitados, su deambular por las calles de Roma buscando a los muchachos abandonados, la fundación de la congregación del Oratorio, su santidad, su amor a Dios, su piedad, su sentido eucarístico, su pureza, sus dotes de taumaturgo. Don Bosco replica que Felipe obró maravillas porque era un sacerdote que correspondía al espíritu de su vocación.
Por otra parte hay que decir que a Don Bosco se le señalaba como el nuevo Felipe Neri, en su último viaje a Roma con motivo de la consagración de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, que tantos trabajos, sacrificios y desvelo le había costado, don Bosco es recibido solemne y alegremente como el nuevo Felipe Neri, decía muchos: Roma se alegra y se entusiasma al acoger entre sus mura al nuevo Felipe, don Juan Bosco.

Don Bosco ya como sacerdote al ver a cientos de jóvenes expuestos durante todo el día a diversiones peligrosas, se puso a deambular en los días festivos por los alrededores de Turín, acercándose a los grupos de jóvenes, pidiéndoles participar en sus juegos para invitarles después a continuarlos en un lugar que él tenía, mucho más apto para divertirse.
Por otra parte, es significativo señalar que Don Bosco tras el encuentro con Bartolomé Garelli empieza a pensar y a pergeñar el Oratorio. Su oratorio se componía de picapedreros, albañiles, estucadores, adoquinadores, canterios y otros que venían de pueblos lejanos. Dedicaba enteramente los días festivos a estar con los muchachos, durante la semana, los visitaba en pleno trabajo, en talleres y fábricas. Los sábados se desplazaba a las cárceles con los bolsillos llenos de tabaco, fruta o panecillos para ganarse el afecto de los jóvenes encarcelados y para animarlos a ir al oratorio cuando saliesen de la prisión.
Don Bosco sostiene algunas máximas de Felipe Neri, de la cual cabe señalar las siguientes:
Estad alegres, no quiero escrúpulo ni melancolías, me basta con que no cometáis pecados. Esta frase Don Bosco la propone como un espacio de libertad que debe darse a los alumnos para saltar, correr y gritar a su gusto. La gimnasia, la música, la declamación, el paseo, el teatro, son medios eficaces para conseguir la disciplina y favorecer la moralidad y la salud.
Otra de las máximas es: el mejor apoyo de la juventud lo constituyen los sacramentos de la confesión y de la comunión.
Del mismo modo hay que decir que en la vida de Magone don Bosco señala los cinco consejos que san Felipe Neri daba a los jóvenes para conservar la virtud de la pureza: huir de los malos compañeros, no alimentar con delicadeza el cuerpo, fuga del ocio, oración frecuente, recibir a menudo los sacramentos, especialmente el de la confesión.
Otro de los temas que más ha estado presente en Don Bosco es el de la alegría, la cual significa el gozo de vivir manifestado en lo cotidiano, es la aceptación de los acontecimientos como camino concreto de la acción de Dios, es la confianza en lo positivo de las personas, es el sentido profundo del bien y la convicción de que siempre es mas fuerte que el mal, es el don de predilección por los jóvenes que abre el corazón al futuro, es la acogida ponderada de los valores de los tiempos nuevos, es la simpatía del amigo que se hace amar para construir un clima de confianza y diálogo que lleva a Cristo. 

San Vicente de Paul, el fuego de la caridad

Nuestro autor Eugenio Alburquerque compone el contenido de esta temática de los siguientes elementos:

o San Vicente de Paul el fuego de la caridad o San Vicente de Paul visto por Don Bosco o Don Bosco asemejado a Vicente de Paúl
o Proximidad y cercanía espiritual

Don Bosco se sintió impresionado a lo largo de toda su vida por la figura del apóstol francés de la caridad, del estilo de dulzura y mansedumbre y su celo por la salvación de las almas. Vicente de Paul era en el Piamonte un santo popular, los religiosos paules eran especialmente conocidos por las misiones populares, los ejercicios espirituales y la formación del clero; las religiosas por el cuidado a los enfermos y de los pobres, así como por la atención a los hospitales militares.
Don Bosco tiene una devoción especial a San Vicente de Paul, en su escrito Storia eclesiástica de 1845 dedica todo un retrato del santo francés: animado del verdadero espíritu de caridad, no hubo género de calamidad que él no socorriera, fieles oprimidos por la esclavitud de los turcos, niños huérfanos, jóvenes disolutos, solteras en peligro, religiosas abandonadas, mujeres caídas, galeotes, peregrinos, disminuidos mentales, mendigos, todos probaron los afectos de la paterna caridad de Vicente.
Por otra parte, don Bosco alude a las virtudes de San Vicente de Paul, refiriéndose a su carácter, a su imitación de Jesucristo, su caridad hacia los mendigos, su amor a Dios, su caridad hacia el prójimo, especialmente hacia los condenados a galeras, su dulzura, sus devociones particulares, su igualdad de ánimo, su humildad, su fe, su mortificación, su paciencia, su pobreza, su prudencia, su pureza, su gratitud, su sencillez, su confianza en Dios, su conformidad al beneplácito divino, su celo por la gloria de Dios.
Del mismo modo decía que Vicente tenía como principio hacer todo por amor de Dios y nada por motivos humanos. Tanto la prudencia como la pureza son dos características esenciales en Vicente. Para don Bosco, la prudencia cristiana consiste en servirse de los medios presentes para procurar el bien. Sobre la pureza, don Bosco señala las estrictas reglas de vigilancia que Vicente de Paul se impuso a sí mismo para guardarla siempre en su corazón y el celo que mostraba para inculcarla no solo a sus hijos, sino también a cuantas personas encontraba en su misión caritativa y apostólica.
Por otra parte hay que decir que algunos historiadores hacen una serie de similitudes entre Vicente y Don Bosco, cabe destacar lo que alude el historiador francés A. Auffray, en el epilogo de su importante biografía sobre san Juan Bosco, escribe: don Bosco como Vicente fundó dos congregaciones religiosas y una tercera orden, tomó parte en acontecimientos religiosos y políticos de primer orden, soñó misiones lejanas, pero no pudiendo cumplir personalmente su deseo, tuvo que contentarse con enviar a los extremos de la tierra, un doble ejercito de apóstoles; fue además constructor de iglesias y lanzó impreso el primer opúsculo, el primer almanaque, la primera novela católica de bolsillo. Y todas estas obras las realizaba casi como un apéndice de su principal ocupación: el mantenimiento y educación de miles y miles de hijos del pueblo.
Tanto en Vicente como en Don Bosco es idéntico el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, el abandono en las manos de la divina Providencia; es igual su caridad para atender a los desamparados, instruir a los presos, servir a los enfermos contagiosos, convertir a los herejes. 

San Alfonso María de Ligorio: una pastoral de la benignidad.

En este apartado nuestro autor Eugenio Alburquerque nos presenta la influencia de este personaje en la vida de Don Bosco mediante la siguiente estructura:

Don Bosco en la escuela de San Alfonso
San Alfonso en el colegio Eclesiástico de Turín
San Alfonso en los escritos de don Bosco
San Alfonso en la consolidación de la Congregación Salesiana

Comienzo señalando que don Bosco desde niño entra en contacto con las obras de san Alfonso, herencia y recuerdo probablemente del celoso sacerdote don Calosso. Es sin embargo en el Colegio Eclesiástico donde adquiere mayor influencia, puesto que este colegio surgió como una especia de instituto de pastoral para la formación de los sacerdotes de la diócesis de Turín, especialmente para promover una formación mas específica en moral y una mejor preparación para la predicación.
Juan Bosco llega al Colegio Eclesiástico de Turín el 3 de noviembre de 1841, allí, ante las distintas posibilidades que se le abrían en su ministerio sacerdotal, don Cafasso le dice: necesita estudiar moral y predicación, por tanto, le pidió que renunciara a toda propuesta que venga del colegio eclesiástico. Del mismo modo le dijo que en el colegio Eclesiástico se aprende a ser sacerdote: meditación, lectora, dos conferencias diarias, lecciones de predicación, vida recogida, todas las comodidades para estudiar y leer buenos autores, ésa ha de ser las ocupaciones en las que debía aplicarse solícitamente.
Don Cafasso explicaba la doctrina de san Alfonso y en ella fundaba sus clases de moral, que desarrollaba con la máxima claridad, ésta doctrina era la dominante en el Colegio Eclesiástico de Turín en los tiempos en que don Bosco lo frecuentaba.
El influjo alfonsiano se concentra especialmente en la lucha contra el rigorismo jansenista, en un nuevo enfoque de la moral cristiana, en la benignidad pastoral, en la doctrina y praxis sacramental, en la defensa de la confesión y comunión frecuente. Ante este influjo don Bosco llegó a la convicción de que el camino para llevar las almas a Dios no es el rigor, sino el de la bondad.
Por otra parte hay que destacar que San Alfonso es autor de muchísimas obras, entre las que hay que destacar la eruditísima Teologia moral, el directorio de los Ordenados, la Explicación del Decálogo, la Historia y refutación de las herejías, las Victorias de los mártires, la Monja Santa, los Sermones, las Glorias de Maria, el Amor de las almas, la Visita al Santísimo Sacramento, las Máximas eternas...
Don Bosco ha hecho presente a San Alfonso tanto en su espiritualidad como en su pedagogía, y esto es perceptible en su enseñanza y praxis sobre la confesión y comunión frecuente, en su doctrina sobre los novísimos y en la importancia concedida a la devoción a la Virgen. En la práctica, mientras pudo hacerlo personalmente, don Bosco educó a sus hijos con la confesión y la comunión, y en sus manos el sistema produjo una sólida corriente de vida cristiana y de santidad auténtica.
También nos presenta un conjunto de consideraciones sobre la salvación del alma, la muerte, el juicio universal y las penas del infierno, en las que es fácil rastrear el texto alfonsiano de Preparación de la muerte. Y esta enseñanza practica y moralizante aparece también en las predicaciones y en las palabras de buenas noches que don Bosco dirige diariamente a los muchachos del oratorio.
Del mismo modo hay que decir que en el origen de la congregación salesiana, don Bosco para su consolidación mira a san Alfonso Maria de Ligorio, queriendo dar a sus hijos una doctrina sencilla y profunda, al mismo tiempo, no dudó en tomar como base los escritos ascéticos de san Alfonso, en cuya escuela él mismo se había formado. 

Espiritualidad de Don Bosco

El siguiente reporte viene siendo una síntesis de la espiritualidad de Don Bosco, nuestro autor Eugenio Alburquerque recoge una serie de temáticas y la plasma en el cuaderno de formación permanente número 20, allí intenta precisar algunos rasgos característicos de la espiritualidad de Don Bosco.
En un primer momento nos presenta el concepto de espiritualidad, la cual se entiende como la presencia real, conscientemente asumida, del Espiritu de Cristo en la vida de las personas, comunidades e instituciones que quieren ser cristianas, se trata de una forma y un estilo de vida inspirados y guiados por Dios, arraigados y motivados por Jesús.
El proceso espiritual de Don Bosco tiene su origen en los años de la infancia, en los que la pedagogía materna logra hacer emerger el sentido y la centralidad de Dios, creador, omnipresente y providente. Esta visión de la presencia amorosa de Dios en su vida le acompañó siempre y es quizá el presupuesto de su disposición y actitud contemplativa.
En el seminario de Chieri recibe una fuerte tensión espiritual, de paciente y fatigoso esfuerzo ascético que hará de él una persona de temple. Ya en su ordenación sacerdotal hace dos propósitos de forma muy sencilla: la caridad y la dulzura de san Francisco de Sales me guíen en todo. Cada día dedicaré algún tiempo a la meditación, a la lectura espiritual. A lo largo de la jornada hare una breve visita o al menos una oración al Santísimo Sacramento. Haré al menos un cuarto de hora de preparación y otro cuarto de hora de acción de gracias a la santa misa.
En don Cafasso don Bosco encuentra al padre bueno y al guía seguro que necesitaba para alcanzar la madurez humana, curando la confusión y las heridas que pudieran arrastrar desde su niñez. Bajo su dirección alcanza la madures vocacional que le lleva a una opción definitiva por los jóvenes, y finalmente, a través de la experiencia de la dirección espiritual, don Bosco alcanza la madurez espiritual que le conduce a una espiritualidad basada en el amor de Dios y en la caridad pastoral, una espiritualidad verdaderamente salesiana.
Don Bosco al terminar los años de formación sacerdotal, dejando de lado otras posibilidades de trabajo pastoral, comienza a articular lo que constituye la opción que marca su vida: el bien de los jóvenes. Surge y se consolida el Oratorio salesiano, fruto del corazón pastoral de Don Bosco. En él se manifiesta y despliega su pasión ardiente por la salvación de las almas, su entrega total a Dios y a los jóvenes; en él, por el camino de la caridad pastoral, llega a la verdadera madurez espiritual.
Para don Bosco la caridad pastoral tiene su fuente en Dios y se expande al servicio de los hermanos. Esa caridad pastoral se manifiesta en el da mihi animas, en la cual concentra toda la energía de su amor, su pasión por las almas, es una expresión de su inmenso amor por Cristo y como Cristo estaba dispuesto a darlo todo. Es en el da mihi animas donde se constituye la espiritualidad de don Bosco, la cual sitúa la paternidad de Dios, las riquezas de la muerte y resurrección de Cristo y la potencia del Espíritu Santo, y al mismo tiempo, estimula el deseo ardiente de hacer conocer y gustar a los jóvenes estas posibilidades, para que tengan en este mundo unida vida feliz, iluminada por la fe, y lleguen después a gozar de la eterna salvación.
Por otra parte hay que decir que el tipo de espiritualidad que don Bosco vive y propone es sencilla, esencial, popular, de manera particular en cuanto se refiere a los ejercicios y prácticas de piedad. Recomendaba las prácticas de piedad comunes en su ambiente, con la excepción, quizá, del ejercicio de la buena muerte, al que siempre le concedió importancia. Él insistió mucho en el frecuente espíritu de oración, unión con Dios, en los sacramentos, Penitencia y Eucaristía, y en la devoción a la Virgen.
Otro de los aspectos de su espiritualidad es la alegría, lo cual significaba el gozo de vivir manifestado en lo cotidiano, la aceptación de los acontecimientos como camino concreto de la voluntad de Dios, la confianza en lo positivo de la personas, el sentido profundo del bien y la convicción de que siempre es más fuerte que el mal, la acogida ponderada de los valores de los tiempos nuevos, es una alegría que radica en la santidad.
También hay que decir que don Bosco propuso su espiritualidad desde la ascesis, la cual va a estar orientada bajo el signo de la moderación, razonada y motivada. 

Reportes de Lectura de Efrén Sánchez

«Con vosotros me encuentro a gusto»
Vivir con alegría nuestro ser salesianos entre los jóvenes[1].
Fernando García, sdb.
La espiritualidad salesiana se encuentra íntimamente ligada con nuestra presencia entre los jóvenes, es más, me atrevería a decir, que el «estar entre los jóvenes» es el termómetro de nuestra espiritualidad, es ahí donde se verifica nuestro camino interior y también donde es confrontado y renovado, de esto precisamente trata el artículo que ahora reporto, ya que no se trata de un mero «estar entre los jóvenes», sino que exige ciertas condiciones, para que, efectivamente sea indicador de nuestro proceso espiritual, y una de esas condiciones es que nuestra presencia sea educativa, el carisma salesiano es esencialmente educativo, y desde la educación evangelizamos y con la evangelización educamos.
            Este artículo nos presenta algunas actitudes fundamentales que nos sirven de orientación, para purificar nuestras acciones y nuestras intenciones de frente al trabajo con los jóvenes en el que nos hallamos inmersos y del que no podemos renunciar, paso ahora a presentar el esquema del artículo así como las ideas centrales de cada apartado.
1.    Vivir de fe, un tesoro en vasijas de barro
No cabe duda de que la presencia salesiana extendida por tantos lugares del mundo, sostiene una gran cantidad de estructuras al servicio de los jóvenes: oratorios, escuelas, centros juveniles, parroquias etc., y sólo por eso, podemos decir que como salesianos hacemos mucho, pero no basta con hacer, es necesario que trasparentemos lo que somos, que seamos cada vez más salesianos, y por eso surgen estas dos preguntas: ¿hemos sido capaces de transparentar lo que los salesianos realmente somos? Y si ¿tenemos nosotros suficientemente claros lo que los salesianos somos y debemos de ser? Esto es lo que se quiere ayudar a responder.
            «No podemos dejar de proclamar lo que hemos visto y oído» (Hch 4, 20), quién sabe hasta qué punto somos capaces de compartir nuestra experiencia de fe a los jóvenes, si les hablamos de ella, y si les exponemos las razones más profundas de nuestro estar y de nuestro ser para ellos. Cada salesiano tenesmo que reflexionar y rezar, cómo es nuestra de, cómo estamos cuidando de ese tesoro que llevamos en vasijas de barro. Las Constituciones, en su segundo artículo nos dicen que «los salesianos de Don Bosco somos una comunidad de bautizados, dóciles a la voz del Espíritu». Si en verdad somos dóciles al Espíritu no podemos menos que mirar a los jóvenes con los ojos de Jesús y de acogerles con sus mismos sentimientos.
2.    «¡Ay de mi si no evangelizara»
Hemos de tomar en serio la exhortación que el Papa emérito, Benedicto XVI hiciera a nuestro Rector Mayor: «su deber fundamental es proponer a todos a vivir la existencia humana como la vivió Jesús», en esta misión nos encontramos con muchas dificultades: a veces nos sentimos desbordados por tantas actividades y la complejidad de nuestras presencias, aunque existan estas y otras dificultades es necesario reavivar nuestra vocación, fortalecer nuestra presencia entres los jóvenes y repensar nuestra pastoral para que ayudemos a los jóvenes a conocer, celebrar, vivir y testimoniar la fe de la Iglesia.
            Tenemos el tesoro pedagógico del Sistema Preventivo que nos enseña a evangelizar pedagógicamente, atendiendo a la situación en que se encuentra cada joven, rompiendo la gélida barrera de la indiferencia actual, con calidez del encuentro personal, de la asistencia, del ambiente oratoriano.
            3.- Educar con el corazón de Don Bosco
Ante las diversas situaciones que atraviesan nuestros sistemas educativos: politización de la educación, leyes educativas sin impacto escolar, la desfragmentación familiar, la falta de acompañamiento de los padres, el conflicto entre la escuela y la familia, medios de comunicación y redes sociales que desbordan las instancias educativas, etc., los salesianos estamos llamados a reivindicarnos, creando un ambiente de familia, encarnando en estructuras e iniciativas concretas la esencia del Sistema Preventivo. Nuestra presencia significativa nos tiene que llevar a entenderlos, a acogerlos con el cariño que no juzga, sino que comprende, ayuda y acompaña. Un cariño modelado a la imagen del mimo Dios que es amor y que sabe educar en la firmeza, que transmite el valor del esfuerzo y del trabajo, que lanza a los jóvenes a asumir responsabilidades e iniciativas estimulando su protagonismo.


Santa Teresa de Ávila
Patrona del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora

Por: Sor Piera Cavagliá, FMA.
Traducción: Sor Rosa María Negrete.

En este artículo se nos presentan, en primer lugar, los motivos por los que Don Bosco puso como patrona del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora a Santa Teresa de Ávila, la relación que hay entre María Dominga Mazzarello y Santa Teresa de Ávila y posteriormente se nos muestra un semblante general de la espiritualidad de esta santa, que de una u otra manera se ve reflejada en la experiencia de vida de las Hijas de María Auxiliadora.


            Don Bosco eligió como patrona a Santa Teresa de Ávila, por el humanismo y el optimismo que ella mostraba en su vida espiritual, en un tiempo marcado por el pesimismo luterano, en Santa Teresa no hay dicotomías ni separaciones, en ella todo lo humano es valorizado y unificado por la presencia de Dios, lo cual es un rasgo característico de lo que después conocemos como espiritualidad salesiana.

            Otro motivo del porqué elegir a esta Santa como patrona, es que su espiritualidad está marcada por la categoría de la amistad, su experiencia espiritual está expresada desde la óptica de la amistad con Dios y con los otros.

En una visita a las salesianas de Alasio Don Bosco pregunta a las FMA: "¿Están alegres?" Y continúa: "Les recomiendo: ¡santidad, salud, ciencia y alegría!". ¡Háganse todas Santas Teresas! Recuerden que el demonio tiene miedo de la gente alegre. El las tentará con el desaliento por el mucho trabajo que tienen (hablaba en el taller)". Expresiones en las que se pone de manifiesto el deseo de Don Bosco que de que las salesianas encarnaran valores de esta espiritualidad, lo cual va a ser más explícito en las constituciones de 1885 refiriéndose a la Maestra de novicias: "Santa Teresa quería a las Religiosas alegres, sinceras y abiertas. Por tanto la Maestra de Novicias pondrá́ atención para lograr que sus alumnas lo logren, porque las Hermanas con este carácter son las más aptas para inspirar a las jóvenes y a las personas del mundo, estima y amor a la piedad y a la Religión" (Regla o Constituciones para las Hijas de María Sma. Auxiliadora unidas a la Sociedad Salesiana, Turín 1885, Cap. IX, 5).

En María Dominga Mazzarello se logran percibir algunos aspectos de la espiritualidad de Santa Teresa, esto por dos vías: la lectura directa de sus obras y por medio de José Frassinetti, quien fuera un gran amigo y maestro de Don Pestarino.

Un testimonio interesante tomado de la biografía de madre Petronila Mazzarello al respecto. Ya anciana amaba regresar a las lecturas que habían iluminado los años de la juventud de María Dominica. "La encontraba con frecuencia -recordaba- ocupada en la lectura de las peticiones del Padre Nuestro de Santa Teresa. En cuanto yo llegaba, me pasaba el libro para que las leyera en voz alta por un poco de tiempo y después se lo repitiera con palabras mías. En el comentario era ella quien pensaba y lo hacía con gran sencillez. Le gustaba mucho la lectura de aquel libro y trataba de hacérmelo gustar también a mí (...) Me hacía escribir las máximas de Santa Teresa que hablaban de la presencia de Dios" (Maccono, Sor Petronila Mazzarello 84).

Una de las principales características de la espiritualidad de Santa Teresa de Ávila es el Realismo espiritual, que en ella se manifiesta en la aceptación de lo sobrenatural como parte esencial de su existencia; en la aceptación de ella misma y de las situaciones como oportunidades de santificación.

En su rostro y en su espiritualidad está el esplendor de la vida divina y de la plenitud de la vida humana. Así́ escribe: "Por cuanto puedan sin ofensa de Dios procuren ser amables y traten a todas las personas de manera que amen su conversación y puedan desear su forma de vivir. Mientras más santas sean, más amables deben mostrarse. Esforcémonos por ser muy amables y condescendientes y hacer felices a las personas con quienes tratamos..."

Otros aspectos más de la espiritualidad teresiana con: la oración como relación de amistad, para Teresa rezar es estar en la presencia del Amigo Divino, es el tú a tú con él, incluso llega a decir que “la oración es un frecuente entretenimiento a solas con Dios”.  Para ella la humildad ha de ser la atmósfera permanente de la oración, todo el bien de la oración se fundamenta en la humildad.

En el artículo se señala también lo que Teresa entiende por comunidad, a la que le da el nombre de “Colegio de Cristo”, “Casa de Santa María”, la nueva Betania donde mora el Señor entre “amigos fuertes de Dios”, Jesús es el “verdadero Amigo” y “el testimonio de todo aquello que hacemos”.

En el artículo se concluye que la figura y la vida de Santa Teresa de Jesús, son un claro ejemplo de cómo la gracia penetra en la naturaleza humana y la transforma sin destruirla. La vibración humana y la experiencia divina forman el núcleo unitario de esta excepcional historia de santidad.

La lectura de este articulo (dividido en dos partes, en los números 61 y 62 de la revista de formación permanente ), me ha arrojado luces que me ayudan a entender mejor, por un lado, la vida y la espiritualidad de Santa Teresa de Ávila, el aporte que ha dado a la Iglesia con su realismo espiritual y el humanismo optimista, y por otro, las características que de esta espiritualidad aparecen en la espiritualidad salesiana y en concreto en el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, con quienes compartimos mucho en común, y que ahora me doy cuenta que parte de eso que compartimos, tiene su origen en la espiritualidad teresiana.





San Francisco de Sales, ¿a la raíz de la espiritualidad salesiana?

Por: P. Julio Olarte Franco

De entrada el título de este artículo pudiese parecer un tanto sugestivo, ya que se pone en forma de pregunta, algo que se da por sentando en la tradición salesiana: que a la raíz de nuestra espiritualidad están San Francisco de Sales, y me parece que al poner en cuestión esta afirmación, el autor revela su intención de profundizar en el porqué de que San Francisco de Sales esté a la raíz de la espiritualidad Salesiana.

            El artículo comienza afirmando que la espiritualidad es la experiencia concreta de vida en el Espíritu que hace una persona, en una época histórica concreta y no un conjunto de principios teológicos o espirituales que, por un ejercicio ascético, alguien intenta traducir a la práctica, de ahí la necesidad de remitirnos a la experiencia espiritual de San Francisco de Sales, que nos ayudará a entender la de Don Bosco, si bien conviene tener en cuenta, que Don Bosco tuvo otras influencias, aparte de la de San Francisco de Sales, como por ejemplo: Ignacio de Loyola (1491-1556), Felipe Neri (1515-1595), Francisco de Sales (1567-1622), Vicente de Paúl (1581-1670), Alfonso María de Ligorio (1696-1787) y, a través de José́ Cafasso(1811-1860) los influjos de Nicolás von Diesbach, Bruno Pío Lanteri y Luis Guala.     

El primer punto de influencia entre San Francisco de Sales y Don Bosco, más allá de la lectura que éste puedo hacer de las obras de aquél, señala el autor, tiene que ver con una cuestión de tipo geográfica y es que ambos  son Saboyardos, en tiempos de San Francisco Thorens (su ciudad natal) no pertenecía a Francia, ni el Castelnuovo de Don Bosco a Italia, sino que estos territorios estaban gobernados por los Duques de Saboya, de ahí que San Franciso de Sales fuera un santo conocido en el territorio de Don Bosco, así que no necesitaba “carta de presentación” sino que era conocido por los habitantes de la región, en cuyas iglesias incluso había predicado él mismo. Así pues Francisco de Sales, por tanto, para los piamonteses era un “santo de familia”: la espiritualidad popular misma, estaba llena de esa “salesianidad”.

De esta influencia tan marcada en la vida de Don Bosco y del ambiente en que creció, brota la necesidad de conocer mejor quien fue San Francisco de Sales, de quien el autor nos hace una descripción detallada, en la que aborda algunas anécdotas y de la cual ahora presento un cronograma:[1]
·      1535-63 Concilio de Trento
·      1567       Nacimiento de Francisco, en el castillo de Sales, municipio de Thorens, Saboya.
·      1573-75 Primeros estudios en La Roche.
·      1575-78 Estudios en el Colegio Chapuisiano de Annecy.
·      1577       Primera comunión y confirmación
·      1578-88 Estudios en París (Humanidades, Retórica, Filosofía, Teología)
·      1588       Regreso a Saboya.
·      1588-91 Estudios de Derecho en Padua. Doctor en Derecho civil y canónico.
·      1592       Regreso a Saboya. Abogado del Senado de Chamberby. Senador de Saboya.
·      1593       Es nombrado deán de la catedral de Ginebra. Recibe las órdenes sagradas (18 de Diciembre es ordenado sacerdote).
·      1595       Escribe las Controversias.
·      1596       Conversaciones ecuménicas con Teodoro de Beza en Ginebra.
·      1597       Publica las Consideraciones sobre el símbolo.
·      1598       Viaje a Roma.
·      1599       Examen ante Clemente VIII. Es preconizado obispo coadjutor de Monseñor Granier. Fundación de la Santa Casa de Thonon.
·      1600       Publica El estandarte de la Santísima Cruz.
·      1601       Muere el padre de Francisco, el señor de Boisy.
·      1602       Viaje a París: gestión sobre los beneficios eclesiásticos del país de Gex;  predica la Cuaresma en el palacio del Louvre. Muere Monseñor Granier Consagración Episcopal (8 de diciembre en Thorens) y entrada en la diócesis.
·      1603       Predica la cuaresma en Dijon y conoce a la baronesa de Chantal.
·      1605       Comienza  la visita pastoral a la diócesis (concluye en 1608).
·      1606       Fundación, con el senador Favre,  de la Academia Florimontana.
·      1609       Publica la Introducción a la vida devota.
·      1610   Muere de la madre de Francisco, Mme. De Boisy. Fundación del monasterio de la Visitación en la casa de la Galería.
·      1612       Publicación del nuevo ritual de la diócesis de Ginebra.
·      1613       Viaje a Turín y a Milán. Fundación de la Visitación de Lyon.
·      1616       Publica el  Tratado del amor de Dios.
·      1617      Muere su hermano barón de Thorens.
·      1618       Predica la cuaresma en Grenoble y  establece allí un monasterio de la Visitación. Pablo V aprueba las nuevas Constituciones de la Visitación, erigida en Orden Religiosa.
·      1619       Estancia en París: relación con Vicente de Paúl, Angélica Arnaud, etc; y  fundación de un Monasterio de la Visitación.
·      1621      Es consagrado obispo  auxiliar de Ginebra, su hermano Juan Francisco.
·      1622      Viaje a Avignon con la comitiva soberana de Saboya. Estancia en Lyon y muerte en Casa del  jardinero del monasterio de la Visitación, el 28 de diciembre.
·      1623      Traslado del cadáver a la visitación de Annecy. Funerales solemnes.
·      1661      Es proclamado beato por el Papa Alejandro VII.
·      1665      Es canonizado por el mismo Papa.
·      1877      Es proclamado Doctor de la Iglesia por Pío IX.
·      1923      Es declarado patrono de los periodistas católicos por Pio XI.
En San Francisco de Sales encontramos a un hombre educado, de trato fino, así como  de carácter decidido y de gran temple, me ha parecido significativa “la renuncia” que aparece claramente en su vida, y cómo tuvo que afrontar a su padre y a su familia, cuando ya contaba con un futuro prometedor en la aristocracia de su tiempo, así como con la posibilidad de formar una familia, por otra parte, podemos ver en San Francisco de Sales una mente brillante, llegó a ser promovido como senador a los 24 años, puesto al que solo se promovía a partir de los 30, lo cual nos deja ver su inteligencia precoz y su gran capacidad.

En conclusión, San Francisco de Sales fue un gran hombre para su tiempo, y su influjo se extendió fuertemente y a través de los siglos en el territorio saboyardo, de este modo es como llega a San Juan Bosco, y él logra traducirlo de un modo específico en la fundación de la Congregación Salesiana y en su orientación al mundo juvenil, al tomarlo como modelo de bondad y amabilidad, principios pedagógicos del carisma salesiano.

La(s) carta(s) de Roma (1884)[1]

José Manuel Prellezo García, SDB

La lectura de este artículo me ha parecido particularmente interesante, ya que puntualiza diversos elementos historiográficos de un documento que ha sido considerado como el «más límpido y esencial de la pedagogía de Don Bosco» - según Pietro Braido, y en el que sin duda se encuentra expresada de manera gráfica y concreta la espiritualidad que sostiene la acción pedagógica y educativa del salesiano.
            El primer elemento que me llamó la atención, es que este documento permaneció inédito hasta 1920, y que en las recopilaciones antológicas de los escritos de Don Bosco recibe diversos títulos en español: como Sueño de la vida de Familia, Carta del 10 de mayo de 1884 a la comunidad salesiana, es interesante señalar que los títulos más recientes en italiano llevan el término plural «lettere», como si se tratara de dos cartas, lo cual hace alusión a que se trata de dos escritos en uno, de ahí también proviene el título del mismo artículo.
            Son 7 apartados del artículo que leí en el que se van precisando diversos aspectos de este documento que es paradigmático para el carisma salesiano y de los cuales señalo los elementos que me han parecido más significativos de cada uno de estos apartados:
            1.- Precisiones sobre la redacción: Primeramente se señala que del escrito original existen dos copias del documento, y que no hay indicios de un escrito original de Don Bosco, de tales copias se señala que una es más breve que la otra, y aunque en la breve aparece la firma de Don Bosco, ambas han sido redactadas por su secretario, Don Lemoyne, por tanto, aunque la carta de Roma fue ideada por Don Bosco, toda ella es transcrita por Don Lemoyne, en ambas copias no se perciben añadidos ni correcciones, ni por la mano de Don Bosco, ni por la de Don Rúa posteriormente.
            Lo que está a la base del escrito es un diálogo animado entre Don Bosco y dos antiguos alumnos del Oratorio, en el que se señala el porqué del cambio de escenario en la vivencia cotidiana del Oratorio, y cómo superara tal situación negativa, que ya no es la del origen, y que Don Bosco presenta en forma de sueño, escrito en dos cartas desde Roma.
            2.- Circunstancias del «Sueño» narrado: Don Bosco se encuentra en Roma, ciudad a la que llegó el 14 de abril de 1884, para esta época la salud de Don Bosco se estaba deteriorando paulatinamente, y aun cuando en febrero de ese año comunica diversas personas, por medio de cartas que sus salud no es muy buena, decide emprender el viaje por Niza, Tolon y Marsella, que terminará con su llegada a Roma. Este viaje constituyo gran fatiga y deterioro de salud para Don Bosco, así se explica que cansado y enfermo, siente el deseo de escribir a sus amados hijos de Valdocco, y por tanto, que haya tenido que dictar la carta, más que escribirla «de su puño y letra». Por lo que va narrando, redactando, leyendo y corrigiendo lo que Don Lemoyne va poniendo por escrito. Así, tenemos un Don Bosco cansado, fatigado y enfermo que desea comunicarse con sus queridos hijos desde Roma.
           
3.- Resonancia de las «dos cartas de Roma»: La primera carta, más breve, fue leída públicamente por Don Rúa en el oratorio, y fue muy conocida en su momento, incluso era leída en las primeras casas de noviciado, pero por alguna razón, cayó pronto en el más completo olvido. El autor señala que esta versión breve del escrito permaneció inédita por muchos años, fue hasta 1984 que se publicó.
            El escrito dirigido a la Comunidad Salesiana de Valdocco fue divulgado en el año 1929 cuando la congregación ya era portadora de un mensaje pedagógico universal. Es Don Pablo Albera quien el 6 de abril de 1920 la hace del conocimiento de los salesianos con motivo de la inauguración del monumento al venerable Don Bosco en la Plaza de María Auxiliadora de Turín. A partir de ese momento, la carta de Roma fue divulgada y reflexionada en el mundo salesiano, por medio de diversas instancias, en el primer número de las Actas del Consejo General se hace alusión a ella, y  en diversos documentos que fueron dándose a conocer en la congregación y es hasta 1972 que la «Carta de Roma» es incluida en el apéndice de las Constituciones y reglamentos generales de la Sociedad Salesiana y del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.  Y es hasta 1984 que aparece en la colección de «Fuentes» del Instituto Histórico Salesiano.
            En este artículo encontramos otros apartados como: La «Carta de Roma» en los estudios de pedagogía e historia salesiana; La carta de Roma… Como la señal de una Reforma; Consideraciones finales; y una Selección de Textos para una aproximación a la Carta de Roma.
            Por motivos de espacio, no reproduzco aquí más del contenido leído, y me limito a exponer mi reflexión acerca de lo leído, en primer lugar, me parece que este artículo aporta diversas puntualizaciones que nos ayudan a entender dos cuestiones fundamentales: el origen de las cartas de Roma y los destinatarios de las mismas (la comunidad salesiana y el , que sin más nos remiten a la situación existencial de un Don Bosco enfermo, anciano y nostálgico que anhela el retorno al Oratorio de los primeros años, y por otro lado, el impacto y la acogida paulatina que tales documentos han tenido en la vida de la Congregación, y cómo han influido en ella.
            Me pareció particularmente significativo que un documento tan importante haya sido olvidado prontamente, y que no se sepa el porqué sucedió esto, a mi parecer, se pudiese deber a que es un escrito incómodo, que nos sigue, incluso hoy, reclamando nuestra falta de presencia entre los jóvenes y las suspicacias que existen en nuestra vida y acción comunitaria, me parece que dejar de lado estos temas era más cómodo para los primeros salesianos que ya sentían las dificultades de encarnar el espíritu auténtico de Don Bosco.
            Respecto a la acogida que el documento ha tenido en la Congregación y el impacto que ha tenido en la pedagogía salesiana, me parece que la palabra Reforma, ilustra claramente la intención de Don Bosco y aquello a lo que nos llevaría una puesta en practica de las intuiciones y deseos de Don Bosco ahí expresados, y que siguen siendo válidos aun para nuestros tiempos, de este escrito podemos sacar las aplicaciones oportunas a nuestra conducta personal para animarnos o corregirnos.



[1] Este artículo se encuentra en Cuadernos de formación permanente #17, (CCS, Madrid, 2006), págs. 179-202.

[1] Este cronograma está  tomado de: Eugenio, ALBUQUERQUE. San Francisco de Sales, Maestro y guía espiritual. CCS, Madrid 2013. Páginas 233-233.

[1] Salesianos de Don Bosco, Cuadernos de Formación permanente #19, (CCS, Madrid 2012)