Introducción
Don Bosco en toda su vida aparece como un maestro espiritual, forjó su
santidad entregándose sin reserva a Dios y a los jóvenes, viviendo en medio de ellos,
buscando siempre su bien y su salvación. La espiritualidad en si se trata de una
forma y de un estilo de vida inspirados y guiados por Dios, arraigados y motivados
en Jesús.
El presente trabajo consta de cinco reportes de lecturas, en la cual intento precisar
las influencias de autores espirituales que ha tenido don Bosco durante su vida, para
ello he asumido como autor a Eugenio Alburquerque y cuyos escritos son:
Don Bosco y sus amistades espirituales: Eugenio Alburquerque. Editorial CCS,
Madrid 2012.
Cuaderno de Formación Permanente N0 20. Espiritualidad. Eugenio
Alburquerque. Editorial CCS, Madrid 2014.
Del primer libro he tomado cuatro personajes importantes en la vida de Don Bosco:
Reporte I: San Francisco de Sales, afinidad y convergencia espiritual.
Reporte II: San Felipe Neri: un santo triste es un triste santo.
Reporte III: San Vicente de Paul el fuego de la caridad
Reporte IV: San Alfonso María de Ligorio: una pastoral de la benignidad.
Respecto al cuaderno de formación permanente, el título que he profundizado ha
sido el de la espiritualidad de Don Bosco, que prácticamente nos va a sintetizar las
influencias espirituales que ha tenido don Bosco. De este cuaderno he elaborado el:
Reporte V: La Espiritualidad de Don Bosco.
San Francisco de Sales, afinidad y
convergencia espiritual.
Eugenio Alburquerque nos presenta la fuerte influencia que ha tenido San
Francisco de Sales en la vida espiritual de Don Bosco, para una mayor comprensión
contamos con la siguiente estructura en todo el capítulo:
Primeros contactos
Del Oratorio de san Francisco de Sales a la Sociedad Salesiana
El espíritu salesiano
El sistema preventivo
Da mihi animas
Convergencia, no identificación
Entrando en tema, el autor señala que San Francisco de Sales nace en Thorens en
1567, una pequeña aldea cercana a Annecy, en la Saboya. En el Piamonte, San
Francisco de Sales era considerado uno de los hombres más egregios.
Hay que destacar que para Don Bosco San Francisco de Sales juega un papel
significativo, ya desde sus primeros años de formación eclesiástica queda
impresionado por el celo pastoral y por la dulzura, mansedumbre y amabilidad del
Obispo de Ginebra. Don Bosco fue un gran devoto y un profundo admirador del
santo de la dulzura.
El primer contacto con San Francisco de Sales lo tiene en el seminario de Chieri, tanto
a través de las instrucciones y conferencias religiosas de los superiores del
seminario, como de las propias lecturas, es desde ahí como empieza a proponérselo
como modelo de su vida y de su acción sacerdotal, el mismo Don Bosco se hace el
propósito de que la caridad y la dulzura de san Francisco de Sales sería su norma.
Del mismo modo, hay que decir que con la imitación constante de este modelo de mansedumbre, bondad y caridad, llega Don Bosco al dominio de sí mismo, a la
amabilidad, dulzura y caridad, que constituirán la clave de su sistema preventivo.
El autor sostiene que la primera prueba del cumplimiento de su propósito en torno
a san Francisco de Sales, se hace presente en el encuentro con Bartolomé Garelli en
la sacristía de la iglesia de San Francisco de Asís el 8 de diciembre de 1841, al gesto
duro y brusco del sacristán que reprende, avergüenza y golpea al muchacho,
responde y se contrapone la amabilidad del joven sacerdote, que lo acoge, se interesa
por su vida y por su persona, le tiende la mano y le llama amigo.
Es desde este hecho sencillo que inicia el oratorio, los muchachos de Don Bosco
necesitan casa, escuela, trabajo, a medida que crece el número, comprende que hace
falta una organización, por tanto, da pie a esta maravillosa obra, la cual nace bajo el
patrocinio de San Francisco de Sales, de él toma nombre, en él se inspira la
espiritualidad y el sistema educativo. Don Bosco tenía la convicción de que el
espíritu de San Francisco de Sales era el que mejor se adaptaba a la educación
cristiana de aquellos muchachos que llegaban al oratorio, por tanto, quiere que el
celo ardiente por la salvación de las almas y su espíritu de dulzura, mansedumbre y
caridad de san Francisco de Sales, inspire siempre sus obras y sus métodos.
En el centro de la espiritualidad de san Francisco de Sales está el amor, por tanto, lo
que se debe tender en la vida espiritual es a vivir para la gloria del amor divino. Es
un amor que se traduce en la entrega generosa por los demás, es de ahí que asume
la expresión de San Francisco de Sales “Da mihi animas”, en esta expresión se
concentra toda la energía de su amor, el ardor de su caridad, su pasión por las almas.
Es la expresión de su inmenso amor a Jesucristo, porque él veía las almas en el
corazón de Cristo y, como Cristo, estaba también dispuesto a entregarlo todo por
ellas. Esta expresión quiso dejarla como lema y centro de la congregación salesiana.
Otro detalle muy importante en don Bosco es que hablaba con frecuencia a sus
muchachos de san Francisco de Sales y les contaba su vida, destacando especialmente cómo su carácter manso y suave, no lo había tenido por naturaleza,
sino que lo había alcanzado a costa de grandes esfuerzos y sacrificios.
En definitiva, podemos ver que tanto en san Francisco de Sales como en don Bosco
se percibe una fuerte afinidad espiritual, la cual se centra en el celo por la salvación
de las almas y la dulzura. Caridad pastoral, mansedumbre y dulzura definen ambas
personalidad. Para don Bosco lo esencial de la doctrina de san Francisco de Sales es
el amor, que él vive y propone desde la amabilidad, la dulzura, la comprensión, la
paciencia, la sencillez en la entrega y en el sacrificio, el perdón, la confianza.
San Felipe Neri. Un santo triste es
un triste santo.
En este reporte, asumo los elementos más sobresalientes que nos presenta
Eugenio Alburquerque sobre la influencia que ha tenido San Felipe de Neri en San
Juan Bosco, para ello nos encuadra el contenido de la siguiente forma:
San Felipe Neri: un santo triste es un triste santo.
El apóstol de Roma
Felipe Neri visto por don Bosco
Don Bosco, ¿otro Felipe Neri?
Una pedagogía y una espiritualidad de la alegría
Este es un santo que deja huellas en Don Bosco, es en el seminario de Chieri
donde Don Bosco por medio de lecturas se familiariza con la figura del fundador de
la Congregación del oratorio, por medio de su biografía y con su pastoral de piedad
alegre, de una castidad serena, del fervor eucarístico difundido entre la juventud.
Felipe Neri nace en Florencia (1515-1595), casi toda su vida transcurre en Roma,
inquieto y desasosegado, empieza a dedicar mucho tiempo a pasear por la ciudad y
entra enseguida en contacto con los pobres, los mendigos, los enfermos de hospitales. Pasa mucho tiempo con los ociosos de las plazas, con sus palabras
amables, sus bondadosos modales, su natural simpatía, se granjea la amistad de
todos y les abre el camino para volver a la practicas cristianas. Anuncia el Evangelio
por las calles, en las escuelas, en las tiendas, a cuantos quieren escucharles.
A los 36 años es ordenado sacerdote. Dedica muchas horas diarias a oír confesiones
y a la dirección espiritual. Sabe llegar al corazón de los pecadores más obstinados,
celebra con especial devoción la Eucaristía. Desde su ordenación sacerdotal siente
una gran preocupación por los jóvenes, los encuentra también en las calles y en las
plazas, y empieza a reunirse con ellos, abre un lugar para jugar y divertirse, pero
también para poder instruirlos en la religión y en la práctica cristiana. Fue para ellos
un padre y un maestro, poco a poco se le fueron uniendo hombres y mujeres atraídos
por su personalidad, por su palabra y por el alegre testimonio de su seguimiento de
Jesús. De esta forma empieza a formarse el grupo que da origen a la congregación
del Oratorio.
En Don Bosco san Felipe Neri ha tenido una vasta influencia, la referencia que hace
del santo es constante, tanto en sus escritos como en sus pláticas a los muchachos de
Valdocco y a los primeros salesianos, de él resalta su admirable caridad hacia los
más necesitados, su deambular por las calles de Roma buscando a los muchachos
abandonados, la fundación de la congregación del Oratorio, su santidad, su amor a
Dios, su piedad, su sentido eucarístico, su pureza, sus dotes de taumaturgo. Don
Bosco replica que Felipe obró maravillas porque era un sacerdote que correspondía
al espíritu de su vocación.
Por otra parte hay que decir que a Don Bosco se le señalaba como el nuevo Felipe
Neri, en su último viaje a Roma con motivo de la consagración de la iglesia del
Sagrado Corazón de Jesús, que tantos trabajos, sacrificios y desvelo le había costado,
don Bosco es recibido solemne y alegremente como el nuevo Felipe Neri, decía
muchos: Roma se alegra y se entusiasma al acoger entre sus mura al nuevo Felipe, don Juan
Bosco.
Don Bosco ya como sacerdote al ver a cientos de jóvenes expuestos durante todo el
día a diversiones peligrosas, se puso a deambular en los días festivos por los
alrededores de Turín, acercándose a los grupos de jóvenes, pidiéndoles participar
en sus juegos para invitarles después a continuarlos en un lugar que él tenía, mucho
más apto para divertirse.
Por otra parte, es significativo señalar que Don Bosco tras el encuentro con
Bartolomé Garelli empieza a pensar y a pergeñar el Oratorio. Su oratorio se
componía de picapedreros, albañiles, estucadores, adoquinadores, canterios y otros
que venían de pueblos lejanos. Dedicaba enteramente los días festivos a estar con
los muchachos, durante la semana, los visitaba en pleno trabajo, en talleres y
fábricas. Los sábados se desplazaba a las cárceles con los bolsillos llenos de tabaco,
fruta o panecillos para ganarse el afecto de los jóvenes encarcelados y para animarlos
a ir al oratorio cuando saliesen de la prisión.
Don Bosco sostiene algunas máximas de Felipe Neri, de la cual cabe señalar las
siguientes:
Estad alegres, no quiero escrúpulo ni melancolías, me basta con que no cometáis pecados.
Esta frase Don Bosco la propone como un espacio de libertad que debe darse a los
alumnos para saltar, correr y gritar a su gusto. La gimnasia, la música, la
declamación, el paseo, el teatro, son medios eficaces para conseguir la disciplina y
favorecer la moralidad y la salud.
Otra de las máximas es: el mejor apoyo de la juventud lo constituyen los sacramentos de
la confesión y de la comunión.
Del mismo modo hay que decir que en la vida de Magone don Bosco señala los cinco
consejos que san Felipe Neri daba a los jóvenes para conservar la virtud de la pureza:
huir de los malos compañeros, no alimentar con delicadeza el cuerpo, fuga del ocio,
oración frecuente, recibir a menudo los sacramentos, especialmente el de la
confesión.
Otro de los temas que más ha estado presente en Don Bosco es el de la alegría, la
cual significa el gozo de vivir manifestado en lo cotidiano, es la aceptación de los
acontecimientos como camino concreto de la acción de Dios, es la confianza en lo
positivo de las personas, es el sentido profundo del bien y la convicción de que
siempre es mas fuerte que el mal, es el don de predilección por los jóvenes que abre
el corazón al futuro, es la acogida ponderada de los valores de los tiempos nuevos,
es la simpatía del amigo que se hace amar para construir un clima de confianza y
diálogo que lleva a Cristo.
San Vicente de Paul, el fuego de la caridad
Nuestro autor Eugenio Alburquerque compone el contenido de esta temática de los
siguientes elementos:
o San Vicente de Paul el fuego de la caridad
o San Vicente de Paul visto por Don Bosco
o Don Bosco asemejado a Vicente de Paúl
o Proximidad y cercanía espiritual
Don Bosco se sintió impresionado a lo largo de toda su vida por la figura del apóstol
francés de la caridad, del estilo de dulzura y mansedumbre y su celo por la salvación
de las almas. Vicente de Paul era en el Piamonte un santo popular, los religiosos
paules eran especialmente conocidos por las misiones populares, los ejercicios
espirituales y la formación del clero; las religiosas por el cuidado a los enfermos y
de los pobres, así como por la atención a los hospitales militares.
Don Bosco tiene una devoción especial a San Vicente de Paul, en su escrito Storia
eclesiástica de 1845 dedica todo un retrato del santo francés: animado del verdadero espíritu de caridad, no hubo género de calamidad que él no socorriera, fieles
oprimidos por la esclavitud de los turcos, niños huérfanos, jóvenes disolutos,
solteras en peligro, religiosas abandonadas, mujeres caídas, galeotes, peregrinos,
disminuidos mentales, mendigos, todos probaron los afectos de la paterna caridad
de Vicente.
Por otra parte, don Bosco alude a las virtudes de San Vicente de Paul, refiriéndose a
su carácter, a su imitación de Jesucristo, su caridad hacia los mendigos, su amor a
Dios, su caridad hacia el prójimo, especialmente hacia los condenados a galeras, su
dulzura, sus devociones particulares, su igualdad de ánimo, su humildad, su fe, su
mortificación, su paciencia, su pobreza, su prudencia, su pureza, su gratitud, su
sencillez, su confianza en Dios, su conformidad al beneplácito divino, su celo por la
gloria de Dios.
Del mismo modo decía que Vicente tenía como principio hacer todo por amor de
Dios y nada por motivos humanos. Tanto la prudencia como la pureza son dos
características esenciales en Vicente. Para don Bosco, la prudencia cristiana consiste
en servirse de los medios presentes para procurar el bien. Sobre la pureza, don Bosco
señala las estrictas reglas de vigilancia que Vicente de Paul se impuso a sí mismo
para guardarla siempre en su corazón y el celo que mostraba para inculcarla no solo
a sus hijos, sino también a cuantas personas encontraba en su misión caritativa y
apostólica.
Por otra parte hay que decir que algunos historiadores hacen una serie de
similitudes entre Vicente y Don Bosco, cabe destacar lo que alude el historiador
francés A. Auffray, en el epilogo de su importante biografía sobre san Juan Bosco,
escribe: don Bosco como Vicente fundó dos congregaciones religiosas y una tercera
orden, tomó parte en acontecimientos religiosos y políticos de primer orden, soñó
misiones lejanas, pero no pudiendo cumplir personalmente su deseo, tuvo que
contentarse con enviar a los extremos de la tierra, un doble ejercito de apóstoles; fue
además constructor de iglesias y lanzó impreso el primer opúsculo, el primer almanaque, la primera novela católica de bolsillo. Y todas estas obras las realizaba
casi como un apéndice de su principal ocupación: el mantenimiento y educación de
miles y miles de hijos del pueblo.
Tanto en Vicente como en Don Bosco es idéntico el celo por la gloria de Dios y la
salvación de las almas, el abandono en las manos de la divina Providencia; es igual
su caridad para atender a los desamparados, instruir a los presos, servir a los
enfermos contagiosos, convertir a los herejes.
San Alfonso María de Ligorio: una pastoral de la
benignidad.
En este apartado nuestro autor Eugenio Alburquerque nos presenta la influencia de
este personaje en la vida de Don Bosco mediante la siguiente estructura:
Don Bosco en la escuela de San Alfonso
San Alfonso en el colegio Eclesiástico de Turín
San Alfonso en los escritos de don Bosco
San Alfonso en la consolidación de la Congregación Salesiana
Comienzo señalando que don Bosco desde niño entra en contacto con las obras de
san Alfonso, herencia y recuerdo probablemente del celoso sacerdote don Calosso.
Es sin embargo en el Colegio Eclesiástico donde adquiere mayor influencia, puesto
que este colegio surgió como una especia de instituto de pastoral para la formación
de los sacerdotes de la diócesis de Turín, especialmente para promover una
formación mas específica en moral y una mejor preparación para la predicación.
Juan Bosco llega al Colegio Eclesiástico de Turín el 3 de noviembre de 1841, allí, ante
las distintas posibilidades que se le abrían en su ministerio sacerdotal, don Cafasso
le dice: necesita estudiar moral y predicación, por tanto, le pidió que renunciara a toda propuesta que venga del colegio eclesiástico. Del mismo modo le dijo que en el
colegio Eclesiástico se aprende a ser sacerdote: meditación, lectora, dos conferencias
diarias, lecciones de predicación, vida recogida, todas las comodidades para
estudiar y leer buenos autores, ésa ha de ser las ocupaciones en las que debía
aplicarse solícitamente.
Don Cafasso explicaba la doctrina de san Alfonso y en ella fundaba sus clases de
moral, que desarrollaba con la máxima claridad, ésta doctrina era la dominante en
el Colegio Eclesiástico de Turín en los tiempos en que don Bosco lo frecuentaba.
El influjo alfonsiano se concentra especialmente en la lucha contra el rigorismo
jansenista, en un nuevo enfoque de la moral cristiana, en la benignidad pastoral, en
la doctrina y praxis sacramental, en la defensa de la confesión y comunión frecuente.
Ante este influjo don Bosco llegó a la convicción de que el camino para llevar las
almas a Dios no es el rigor, sino el de la bondad.
Por otra parte hay que destacar que San Alfonso es autor de muchísimas obras, entre
las que hay que destacar la eruditísima Teologia moral, el directorio de los
Ordenados, la Explicación del Decálogo, la Historia y refutación de las herejías, las
Victorias de los mártires, la Monja Santa, los Sermones, las Glorias de Maria, el Amor
de las almas, la Visita al Santísimo Sacramento, las Máximas eternas...
Don Bosco ha hecho presente a San Alfonso tanto en su espiritualidad como en su
pedagogía, y esto es perceptible en su enseñanza y praxis sobre la confesión y
comunión frecuente, en su doctrina sobre los novísimos y en la importancia
concedida a la devoción a la Virgen. En la práctica, mientras pudo hacerlo
personalmente, don Bosco educó a sus hijos con la confesión y la comunión, y en sus
manos el sistema produjo una sólida corriente de vida cristiana y de santidad
auténtica.
También nos presenta un conjunto de consideraciones sobre la salvación del alma,
la muerte, el juicio universal y las penas del infierno, en las que es fácil rastrear el texto alfonsiano de Preparación de la muerte. Y esta enseñanza practica y moralizante
aparece también en las predicaciones y en las palabras de buenas noches que don
Bosco dirige diariamente a los muchachos del oratorio.
Del mismo modo hay que decir que en el origen de la congregación salesiana, don
Bosco para su consolidación mira a san Alfonso Maria de Ligorio, queriendo dar a
sus hijos una doctrina sencilla y profunda, al mismo tiempo, no dudó en tomar como
base los escritos ascéticos de san Alfonso, en cuya escuela él mismo se había
formado.
Espiritualidad de Don Bosco
El siguiente reporte viene siendo una síntesis de la espiritualidad de Don
Bosco, nuestro autor Eugenio Alburquerque recoge una serie de temáticas y la
plasma en el cuaderno de formación permanente número 20, allí intenta precisar
algunos rasgos característicos de la espiritualidad de Don Bosco.
En un primer momento nos presenta el concepto de espiritualidad, la cual se
entiende como la presencia real, conscientemente asumida, del Espiritu de Cristo en
la vida de las personas, comunidades e instituciones que quieren ser cristianas, se
trata de una forma y un estilo de vida inspirados y guiados por Dios, arraigados y
motivados por Jesús.
El proceso espiritual de Don Bosco tiene su origen en los años de la infancia, en los
que la pedagogía materna logra hacer emerger el sentido y la centralidad de Dios,
creador, omnipresente y providente. Esta visión de la presencia amorosa de Dios en
su vida le acompañó siempre y es quizá el presupuesto de su disposición y actitud
contemplativa.
En el seminario de Chieri recibe una fuerte tensión espiritual, de paciente y fatigoso
esfuerzo ascético que hará de él una persona de temple. Ya en su ordenación
sacerdotal hace dos propósitos de forma muy sencilla: la caridad y la dulzura de san
Francisco de Sales me guíen en todo. Cada día dedicaré algún tiempo a la meditación, a la
lectura espiritual. A lo largo de la jornada hare una breve visita o al menos una oración al
Santísimo Sacramento. Haré al menos un cuarto de hora de preparación y otro cuarto de hora
de acción de gracias a la santa misa.
En don Cafasso don Bosco encuentra al padre bueno y al guía seguro que necesitaba
para alcanzar la madurez humana, curando la confusión y las heridas que pudieran
arrastrar desde su niñez. Bajo su dirección alcanza la madures vocacional que le
lleva a una opción definitiva por los jóvenes, y finalmente, a través de la experiencia
de la dirección espiritual, don Bosco alcanza la madurez espiritual que le conduce a
una espiritualidad basada en el amor de Dios y en la caridad pastoral, una
espiritualidad verdaderamente salesiana.
Don Bosco al terminar los años de formación sacerdotal, dejando de lado otras
posibilidades de trabajo pastoral, comienza a articular lo que constituye la opción
que marca su vida: el bien de los jóvenes. Surge y se consolida el Oratorio salesiano,
fruto del corazón pastoral de Don Bosco. En él se manifiesta y despliega su pasión
ardiente por la salvación de las almas, su entrega total a Dios y a los jóvenes; en él,
por el camino de la caridad pastoral, llega a la verdadera madurez espiritual.
Para don Bosco la caridad pastoral tiene su fuente en Dios y se expande al servicio
de los hermanos. Esa caridad pastoral se manifiesta en el da mihi animas, en la cual
concentra toda la energía de su amor, su pasión por las almas, es una expresión de
su inmenso amor por Cristo y como Cristo estaba dispuesto a darlo todo. Es en el da
mihi animas donde se constituye la espiritualidad de don Bosco, la cual sitúa la
paternidad de Dios, las riquezas de la muerte y resurrección de Cristo y la potencia
del Espíritu Santo, y al mismo tiempo, estimula el deseo ardiente de hacer conocer y gustar a los jóvenes estas posibilidades, para que tengan en este mundo unida vida
feliz, iluminada por la fe, y lleguen después a gozar de la eterna salvación.
Por otra parte hay que decir que el tipo de espiritualidad que don Bosco vive y
propone es sencilla, esencial, popular, de manera particular en cuanto se refiere a los
ejercicios y prácticas de piedad. Recomendaba las prácticas de piedad comunes en
su ambiente, con la excepción, quizá, del ejercicio de la buena muerte, al que siempre
le concedió importancia. Él insistió mucho en el frecuente espíritu de oración, unión
con Dios, en los sacramentos, Penitencia y Eucaristía, y en la devoción a la Virgen.
Otro de los aspectos de su espiritualidad es la alegría, lo cual significaba el gozo de
vivir manifestado en lo cotidiano, la aceptación de los acontecimientos como camino
concreto de la voluntad de Dios, la confianza en lo positivo de la personas, el sentido
profundo del bien y la convicción de que siempre es más fuerte que el mal, la acogida
ponderada de los valores de los tiempos nuevos, es una alegría que radica en la
santidad.
También hay que decir que don Bosco propuso su espiritualidad desde la ascesis, la
cual va a estar orientada bajo el signo de la moderación, razonada y motivada.
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